Diario del Cesar
Defiende la región

¿Somos buenos lectores de la prensa en el cesar?

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Así como quedan vacíos los frascos cuando se gasta su contenido, quedan vacíos los periódicos cuando se acaban de leer; entonces quedan insepultos en los rincones de las casas y los desvanes de la noche. Fue la apreciación de una noche cuando dormí en un barrio pobre de Barranquilla; Juan Carlos, un amigo taxista me dio asilo momentáneo y vi los rezagos de las dormidas hojas leídas de los periódicos de fechas anteriores.

Entonces me sumí en la reflexión tempranera bajo el palito de guayabo desde donde divisé a los transeúntes del barrio La Pradera. Un vendedor ambulante de vísceras llevaba el periódico de la ciudad en un ladito de la carretilla e igual lo hacía un joven ciclista en la parrilla de su velocípedo.

Pensé en Valledupar y no encontré ese cuadro; en mi tierra la gente no lee el periódico de cada día; somos malos lectores en la tierra de Francisco El Hombre; sí, me respondí y, comencé a hacer las odiosas comparaciones con otras ciudades de Colombia.

En Bogotá hay gente sustentándose diariamente con la compra y venta de grandes cantidades de los periódicos leídos; en Bucaramanga he visto a los lustrabotas y al peluquero comprando el periódico de su ciudad para mantenérselo a sus clientes y de paso él,  enterarse de lo que sucede;  igual en Cartagena, Armenia, Cali, Medellín, Pereira o ciudades que no son capitales como Cartago, Palmira, Duitama, Sogamoso, Dosquebradas, Calarcá, Ciénaga, Itaguí, etc. Allí, desde el joven hasta el viejo, procura tener  la prensa escrita y llevarla a casa por lo menos a la hora del almuerzo para que el resto de familia se documente.

Igual en las horas tempraneras, se siente al pregonero con los anuncios del magazín del día, recorren las calles de los barrios y cuando los pájaros comienzan a cantar, ellos también cantan los nombres de los diarios recién salidos a circulación e insisten  en anunciar sus periódicos  hasta el cansancio y los ve uno sentados en los bordes de las aceras tomando nuevos aires para seguir anunciando el producto del esfuerzo diario de los periodistas, diagramadores, fotógrafos, diseñadores, vendedores de publicidad, protagonistas de las mismas noticias y de ellos mismos como voceadores.

Es una lástima y me dio dolor reconocerlo; no somos buenos en Valledupar para leer el periódico nuestro; ni siquiera en las medianas o grandes empresas se ha adquirido el hábito de comprar la prensa actualizada de cada nueva fecha.

Se me viene a la memoria la iniciación conjunta de los medios  escritos, de una campaña larga y profunda, donde se induzca al ciudadano cesarense a adquirir tan bella y productiva costumbre para la sociedad como es la de leer el periódico de cada día; parece que para ellos es muy duro hacer el “esfuerzo “o el intento de repasar con la vista el contenido de una información que aún después de haberse leído, queda como material para al análisis y la reflexión.

Allí en el barrio La Pradera de Barranquilla caminé un rato después y en la esquina de una estación de combustible, pude ver varios puestos de venta de periódicos y revistas, comenté con Juanca lo que había pensado sobre los perezosos paisanos y el contraste visto ahora con los numerosos sitios de venta en un barrio pobre y él me dijo: “Acá están esos puestos porque la gente lee y por ende compran la prensa, allá en Valledupar, si no leen, nadie se animará a vender lo que no compran”

Parece que me hubiese leído el pensamiento, callé y sonreí por dentro.