Diario del Cesar
Defiende la región

Mensaje a nosotros mismos

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Una nueva Santa Marta requiere de un nuevo samario. Cerrar filas decisivamente con valentía, determinación, coraje, decisión y detrás de la cual se muestren legítimos líderes en atención a sus mejores actitudes y las más de las actividades. Estamos en una nueva era, lo que con firmeza creería, como igualmente creo, ello nos pone ante una administración honesta, democrática, dispuesta a la tarea de reconstruir una ciudad en ruinas, maltrecha, desgobernada, saqueada por una cáfila de personajes “nada que ver”, aferrados al poder y erario cual rémoras insaciables durante la última docena de años.

El liderazgo que requerimos debe enfrentar nuestra actual verdad, saber por dónde empezar, saber lo que tiene que hacer, enfocarse en lo importante sin olvidar lo urgente y prioritario, Soportarse en sus propias realidades y necesidades, Acometer acometiendo las múltiples actividades en paralelo, a efecto de lograr la confianza y la ayuda financiera de gobiernos, empresas privadas  y entidades multilaterales de desarrollo en el proceso de reconstrucción, al igual que proceder simultáneamente a recuperar nuestra operatividad. Poner orden en el caos de los servicios públicos. Estimular el comercio y turismo. Poner la infraestructura física en condiciones decentes de utilización. Recuperar la soberanía sobre territorios invadidos por la delincuencia. Combatir a fondo la corrupción, velar por la seguridad, depurar a nuestros desviados servidores públicos, no convenir con politiqueros de ideologías absurdas y fracasadas. Todo lo cual, en dirección a sanar el cuerpo de la ciudad, indispensable para promover una nueva unidad territorial y de paso la reanudación de una vida digna y decente en la Santa Marta que queremos y merecemos.

Sanar nuestra alma comunitaria, exige adelantar un diáfano proceso de profunda modificación en la actitud de quienes poblamos la ciudad, consistente en transformar la mayor cantidad de gente en buenos ciudadanos y demás pobladores dispuestos a colaborar participando de manera activa, a efecto que definitivamente nos llevemos con prisa y sin pausa a rescatarnos de la atonía en que nos encontramos; aunque hay que decirlo, se siente respirando la ciudad un nuevo aire cargado de esperanzas que aspiramos y esperamos no sea lo cual flor de un día.

 

Se aplica en esto de cambiar nuestra actitud, la implantación e implementación de una política pedagógica y agresiva de educación ciudadana sistemática, debidamente planificada, perseverante, permanente en el tiempo, que trascienda ciclos políticos, de obligatoria ejecución en las escuelas y llevada a cabo desde los primeros años de formación, elementos indispensables que utilizan las mejores naciones para cambiar la fisonomía social del habitante promedio en la metamorfosis de pasar de ser un simple habitante más a un buen ciudadano activamente participativo. Se trata de estructurarse desde unas mejores bases. Construirnos para generar una masa crítica de buenos, activos y participativos ciudadanos. De nada valdrán riquezas sin bases sólidas de cultura ciudadana, con lo que será posible darle un vuelco a la actitud tradicional del samario promedio, bastante más propenso a exigir derechos que a cumplir con los deberes ciudadanos.

Nos hemos concentrado en ir tras una igualdad social desarrollando una actitud asimétrica a favor de nuestros derechos, sin atención de cumplir con los deberes ciudadanos. Reemplazar lo familiar y todo cuanto entraña, por un Estado benefactor. Adormecer la acción comunitaria colectiva, indispensable para que una sociedad prospere, reemplazandola por absurdos individualismos. No más descuidarnos en la formación de buenos ciudadanos y prestarle suficiente atención a la creación de un samario consciente de sus deberes. Que atrás quede todo asomo de demagogia y exacerbado populismo, que promete desde la mentira seguridad, educación, salud, alimentación, pleno empleo y demás maravillas, sin tener en cuenta la deuda social que debemos a la ciudad.

Pensemos en grande y actuemos con grandeza. Acometamos planes, proyectos, programas y políticas públicas del mediato al largo plazo, sin que interesen terminarlos en el curso de sus mandatos y no se obtengan inmediatos dividendos políticos. Venzamos esa ególatra tentación, que igual y en pervivencia la gente y la historia reconocerán y guardarán por siempre en los anales memorísticos de las buenas y mejores acciones cuando adelantadas han sido en beneficio individual y colectivo. Avante. Siempre avante.

*Abogado