Diario del Cesar
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Entre la distancia y nostalgia las madres venezolanas celebran su Día en Valledupar

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Hoy es un día especial. Las madres están de celebración. Unas festejarán reunidas con sus hijos y familiares, mientras otras simplemente pasarán el día sumergidas en una realidad que les opaca sus esperanzas de lucha y porvenir. Tal es el caso de las madres venezolanas, quienes por la situación del país debieron huir de su patria y refugiarse en otra nación para emprender una titánica lucha que les permita garantizar bienestar para sus hijos.

Por la cercanía a la frontera, Colombia ha sido uno de los países preferidos por estas mujeres que buscan una mejor calidad de vida para su familia. Valledupar las ha recibido con los brazos abiertos y en cada rincón de la ciudad notamos su presencia, creándose una mezcla de belleza, nostalgia y hasta sufrimiento denotado en cada lágrima derramada al momento de recordar que este día será diferente a los muchos que han pasado en su tierra natal.

Si, un día diferente. Hoy no habrá flores, desayunos sorpresa o grandes regalos a los que estaban acostumbradas a recibir. Hoy, entre lágrimas, ruegan a Dios les devuelva la alegría de regresar al lado de sus hijos o contar con un hogar digno que suplante esta amarga realidad que viven sin haberla pedido por la voluntad de un sistema de gobierno que sin distingos está arrastrando el futuro de los venezolanos.

En las principales calles y avenidas de Valledupar se pueden observar estas sublimes mujeres, quienes con rostros desencajados, la piel asoleada y hasta con sus hijos en brazos se enfrentan día a día a un oficio diferente con un solo objetivo, obtener el pan diario o asegurar una remesa mensual para su grupo familiar.

Las vemos en las calles pidiendo limosnas, cantando en busetas y restaurantes, vendiendo tintos, mangos, dulces y hasta haciendo coreografías musicales con un solo norte: ganar los pesos colombianos que en bolívares (moneda venezolana) representará el sustento de sus hijos que a muchas las esperan al otro lado de la frontera.

De Venezuela huyeron a la escasez de comida, deficiencias en los servicios públicos, fallas en el sistema educativo y aún más por la falta de medicamentos que se ha convertido en el calvario de todos. Hoy sueñan con volver a una nación próspera donde celebrar el Día de las Madres sea sinónimo de alegrías y unión familiar.

 

DOLOROSA REALIDAD

 

Entre lágrimas y su rostro cargado de impotencia, Yomaira Rodríguez, una de las tantas madres venezolanas que emigró con su hijo de un año en brazos, manifiesta que desde hace doce meses llegó a Valledupar y su realidad ha sido muy dura.

 “Desde las 7 de la mañana salgo a pedir plata con mi hijo en distintas partes de la ciudad. Me toca amamantar al niño para apaciguarle el hambre mientras conseguimos algo de comer. Es muy duro, tengo otros tres hijos de 10, 4 y 3 años y al resto de mi familia en el Occidente venezolano y por ellos lucho cada día en un país donde gracias Dios he recibido bendiciones”.

Para Yomaira celebrar el Día de las Madres se le convirtió en un sueño. “Qué puedo festejar, sólo ruego a Dios que la situación en mi país mejore para poder regresar al lado de mis otros hijos. Hoy no tengo nada que celebrar, solo me toca trabajar y esperar sin perder la fe”, manifestó entre lágrimas.

Otra realidad es la de Jesmailin Farías, quien luego de ejercer durante tres años la profesión de administradora de empresas en Venezuela, le tocó huir junto a su esposo discapacitado y su hija de un año a tierras colombianas donde diariamente se sientan a pedir para pagar un arriendo de 10.000 pesos por noche y comer algo durante el día.

“Hoy nos toca celebrar diferente. No hay alegría, solo tristezas y melancolía por la familia que dejamos en nuestro país y por la que a diario salimos a luchar. A Dios pedimos nos de sabiduría para sobrellevar esta calamidad y en un futuro le demos las gracias a Colombia por el apoyo recibido”, subrayó.

Escarlet Velásquez se refugia en la música cristiana para ganarse la vida. Con una de sus hijas en brazos y un pequeño parlante canta a viva voz en restaurantes o a bordo de un autobús de pasajeros para ganarse el sustento de cada día.

“Llegué de Venezuela hace tres meses, dejé a mis otras tres hijas al cuidado de mi madre y aquí estoy haciendo país en otra patria para asegurar el futuro de mis hijas. Hoy me dedicaré a cantarle a las madres en su día, Dios es mi sustento y en sus manos estoy para volver a restaurar a mi familia y regresar a mi casa de origen”.

 

ENTRE FRUTAS Y DULCES

 

Ludis Arroyo y su hija Milagros Vásquez, llegaron a Valledupar desde hace nueve meses provenientes del estado Trujillo, oeste venezolano; y aunque se dedicaban a vender café por el área de la Gobernación del César, hoy día han logrado ser las encargadas de una venta de dulces y mangos que les permiten cubrir sus necesidades básicas. Al igual que sus otras compatriotas, celebrar el Día de las Madres se ha convertido en un mito, no hay motivos y con quienes lo podemos pasar nos esperan al otro lado de la frontera.

Arroyo manifestó con tristeza haber dejado a su otra hija en el vecino país, no es fácil la desintegración familiar. “Le pido al Señor me dé fortaleza y solo espero como regalo ver de nuevo a mi hija y darle el abrazo que tanto deseo”, expresó.

Por su parte Beatriz Noguera, vendedora de confites y alquiler de teléfonos, enfrenta la realidad de estar radicada en Valledupar mientras tres de sus hijos emigraron a Perú. “No tengo esperanzas de verlos por ahora, mi día a día es recordarlos. Por primera vez celebraré lejos de ellos, pero con la esperanza de que todo pasará y volveremos a nuestra tierra natal”.

 

¿QUÉ HACEN LAS INSTITUCIONES LOCALES?

 

El factor de migración ha hecho acrecentar la presencia de venezolanos en las principales calles de Valledupar, y a esta realidad no se escapan las mujeres, que aunque conscientes de vulnerar algunos derechos a sus hijos, salen a diario con ellos en brazos en busca de una luz en medio de su oscuro transitar.

En tal sentido, el ICBF en una labor conjunta con las instituciones del Estado buscan apoyar a esas madres para restablecer los derechos de sus hijos y ofrecerles apoyo para mejorar su calidad de vida.

Por su parte Adriana Guerrero, coordinadora del Programa de Equidad de Género de la Alcaldía de Valledupar, manifestó que aunque la dependencia municipal no cuente con los rubros específicos para atender a la mujer venezolana, si abre los espacios para que entes del Estado, Gestión Social y las ONG puedan acceder a estas ciudadanas por medio de jornadas de familia que abarcan salud, educación y asesorías migratorias.

Guerrero afirmó que además mantienen en constante comunicación con Migración Colombia para articular esfuerzos en busca de la legalidad de esta población.