Diario del Cesar
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Madres: amor sin límites

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Estas tres mujeres son ejemplo de superación, de valentía y de nobleza. Cada una con historias distintas, pero con los mismos de deseos brindarle lo mejor a sus hijos

Ser madre es una gran bendición, aunque no sea nada fácil, sobre todo en la época actual. Sin embargo, y pese a muchas circunstancias que se puedan presentar, las madres hacen hasta lo que parece imposible por el bienestar de sus hijos.

Es así como desde el DIARIO DEL CESAR conmemoramos esta importante fecha con las historias de tres madres ejemplares, “berracas”. Dos colombianas y una venezolana. Una viuda, una separada y otra casada, pero todas con la misma misión: superar barreras para lograr el bienestar del fruto de su vientre.

LUZ MARINA, UNA MADRE SIN LÍMITES

Dicen que las limitaciones son creadas, que están en la mente y así lo ha demostrado Luz Marina Navarro, una madre que le ha tocado una difícil pero no imposible tarea de criar a sus cuatro hijos, tres de ellos con discapacidad.

Luis Miguel, de 27 años, sufrió una miringitis a los 3 meses de nacido, una infección causada por un virus o bacteria que le generó ciertas limitaciones físicas y su lenguaje, pero no su desempeño en diversas tareas, tanto así que es taekwondoga, maneja cicla, motocicleta y estudia.

Carlos Eduardo, de 25 años, sufrió parálisis cerebral que lo dejó en silla de ruedas, con algunos pocos movimientos físicos, sin habla, pero sí con entendimiento absoluto.

Sebastián nació con síndrome de Williams, una enfermedad genética rara caracterizada por un trastorno del desarrollo que asocia una malformación cardiaca.

Brayan es el único de los cuatro hermanos sin ningún tipo de enfermedad, es quien cocina en casa y le ayuda en demás actividades del hogar, además de estudiar.

La visitamos en el apartamento de su hermano, en donde actualmente habita, ubicada en un cuarto piso, en el bloque O de la etapa ‘Las Muchachitas’ en la urbanización ‘Nando’ Marín, zona sur-sur de Valledupar.

Sentada al lado de dos de sus hijos: Carlos Eduardo y Sebastián, en aquella estrecha sala-comedor, un poco despejada de sus acostumbraos días trajinados, su mirada se perdió y de sus ojos brotaban lágrimas mientras contestaba qué tan difícil ha sido su vida como madre.

“Muy difícil – (silencio)-, pero bueno, ellos son como el motorcito para salir adelante. Y le doy gracias a Dios porque a pesar de sus problemas, con ellos he aprendido mucho y eso hace que estemos más unidos”, aseguró en medio de la tristeza y el dolor de saber qué hace 18 años llegó a Valledupar con toda su familia, incluido su esposo, luego de ser desplazados en otro municipio del Cesar, pero hace tres años él se fue de casa dejando una gran responsabilidad que ha sabido asumir esta mujer de 47 años, dedicada al mototaxismo y a la mensajería.

Sus hijos son su principal razón de ser, los quiere a todos por iguales, de manera incondicional, vive un día a día no tan común. Soporta las altas temperaturas para poder prestar el servicio de trasporte en aquella motocicleta que un día compró con algunos ahorros de su anterior trabajo de peluquería.

Es soltera y asegura que lo prefiere así, porque quizás ningún hombre podrá asumir esta responsabilidad. Sueña con brindarles un hogar digno a sus hijos y conceder los estudios superiores de sus hijos Brayan y Luis Miguel.

“Cuando hay amor las cosas se hacen fáciles, sobre todo cuando amamos a nuestros hijos”, aclaró.

MAJOMA, MADRE EMPRENDEDORA

 

Muchos la conocen como ‘La Majoma’, como la mujer que prepara una de las mejores comidas típicas de la región, la que le pone el sazón a las únicas arepas de 200 gramos que se venden en Valledupar, la que inició con las arepas de chicharrón, la experta en empanadas, papas, pinchos, peto, entre otras especialidades de la cocina.

Pero en realidad ese es el apodo de su padre, su nombre es María Mercedes Medina, quien pese a sus 62 años no los aparenta, una morena de gran peso y admiración, que lleva 32 años vendiendo comida en las afuera de la casa donde habita. Primero fue por el barrio Panamá, después por la 4ta y finalmente en la carrera 15 con calle 9C.

Su exitoso emprendimiento le ha permitido generar empleo, tanto hermanas como a diferentes personas, pero sobre todo le ha permitido brindar lo mejor a sus hijas, a quienes crio sola. “Mis hijas me las costeé yo, las tuve yo y es la hora que todavía las ayudo”, recalcó.

Con la venta de las comidas ha hecho de sus hijas unos profesionales, una es ingeniera ambiental, otra es psicóloga y una está estudiando Derecho. Pero además de tener a Julia Valdez, Carina Leticia, María José, tiene un hijo adoptivo llamado José Nelson, quien es el único al que le ha gustado la culinaria y eso la hace feliz.

Es una fiel admiradora de su madre, de quien aprendió a cocinar, quien le genera satisfacción cuando de ella habla. “Yo soy una mujer que he trabajado tanto y siempre he dicho que mis hijas tenían que ser profesionales”, especificó y así sucedió.

María además de beneficiar a su familia, genera cerca de 12 empleos. Comenzó en este negocio vendiendo cerca d 20 arepas de queso y ahora hace más de 500, entre rellenas y de diferentes sabores, además de los otros fritos, comida y venta de jugos. Asegura que es la única que cocina, la que le pone el sabor a los diferentes alimentos.

Sus ventas tienen bastante aforo, tanto que a veces genera trancón puesto su negocio está ubicado sobre la vía, en donde llegan personas en carros últimos modelos, motocicletas, ciclas, a pie y en diferentes transportes

“Yo le doy muchas gracias a Dios de todas las cosas que me ha permitido, y seguiré hasta que el Señor me lo permita”, asegura.

Y es que es una madre que no se queda quieta, de lunes a viernes vende los fritos y demás, y los domingos pone a disposición almuerzos como sancochos de gallina, de pollo, trifásico, gallina criolla, arroz de cerdo, de camarón, pechuga, entre otros.

‘Majoma’ no sólo es la madre de tres señoritas y un joven, sus empleados también la consideran como una madre, al igual que lo hacen sus cerca de 12 hermanos a quienes ayudó a salir adelante hace varios años.

Su anhelo es continuar esta labor hasta que Dios se lo permita, por ella, por los demás, y en especial por sus hijos.

DARLYS, MADRE SIN FRONTERAS

 

Darlys Herrera, es una de las miles de venezolanas que le tocó emigrar a Colombia en búsqueda de nuevas y mejores oportunidades de vida. Hace un año se radicó en Valledupar, en la urbanización El Edén.

Tiene 40 años y jamás pensó trabajar en un país distinto, y sobre todo desde la madrugada, ya que en Venezuela contaba con todas las comodidades posibles, sin embargo el amor de madre la motivó a hacer lo que ella creyó inimaginable.

Cada mañana se levanta a la 1:00 se alista y sale con su hijo mayor y esposo a Mercabastos. Los tres trabajan allá; ella limpiando cebollas y cebollines, mientras que ellos cargan bultos. Tratan de ayudarse en todo lo necesario para que los hijos menores puedan estudiar y alimentarse, pero además pagar el arriendo y servicios públicos.

Durlys limpia entre de 6 y 10 bultos diarios, en su mayoría de veces sentada, porque asegura que en su tierra dicen que “el que trabaja sentado es flojo”.

“Esto un poquito difícil, pero nada que uno no se pueda acostumbrar. Cada día le damos gracias a Dios por lo que tenemos, porque mientras en Venezuela tengo carro, casa, de nada sirve porque no teníamos qué comer”, especificó.

Esta mujer asegura que sus hijos son la gloria, su vida y por ellos es capaz de trabajar en lo que sea. “Ser madre es lo más lindo que Dios nos ha dado, es una bendición”, especificó con una mirada triste, al saber que en esta fecha especial no le podrán celebrar el día, ni a ella y su mamá, como en años anteriores, pero alza la mirada y asegura que cosas mejores vendrán.

Hoy no espera regalos, pero lo que sí espera es seguir trabajando para darle lo mejor a su familia.