Diario del Cesar
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Definitivamente la música vallenata no tiene fronteras. El acordeón, caja y guacharaca llegan a corazón de todos los seres humanos y no existe la exclusión. Las comunidades indígenas, arropadas por la Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta, además de adorar la madre tierra son dignos representes del folclor vallenato, para ellos no hay limitaciones y son dignos representantes en el 56° Festival de la Leyenda Vallenata.

Tal es el caso de Linda Tairini Acosta Izquierdo, una niña de 13 años, proveniente del municipio de Pueblo Bello, pero adoptada por la tierra vallenata, engalanó dos tarimas en las categorías Acordeonera mayor, donde acompañó como cantante, y en la categoría infantil haciendo fórmula musical con su guacharaca a su hermano de etnia Arukin Saden Torres Conde.

Luciendo su tradicional traje blanco, con su mochila terciada y accesorios de color rojo, amarillo, negro y azul cielo, Linda corrió de una tarima a otra para cumplir con su compromiso. Casi a la par, se presentaron sus compañeros, pero eso no fue impedimento para demostrar sus habilidades.

Su angelical mirada hacía transportar a cualquiera a un universo de enseñanzas y ejemplo. Entre el tumulto de las personas ella sobresalía por su impecable vestido, y junto a su madre Zoraida Izquierdo, se tomaban de la mano para estar puntuales en cada compromiso.

“La guacharaca le da más alegría a la música vallenata, aunque el acordeón también me atrae, pero no es mi fuerte, También canto porque el folclor vallenato así lo exige”, dijo entre sonrisas.

Su preparación la ha logrado de la mano del maestro Jairo Suárez. También resalta la dedicación de su abuela, quien la llevaba a diario a las clases y a apoyaba en la formación.

Desde los 8 años empezó a tocar la guacharaca y desde los 9 está presente en los festivales vallenatos. “Que yo sepa soy la única guacharaquera de la etnia arhuaca, eso atrae mucho a la gente, eso me gusta”.