Diario del Cesar
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Calixto Ochoa, un rey que le rehuyó a los reconocimientos

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En el primer rey de reyes  mostró Calixto toda su capacidad, fue el único que llevó temas nuevos sin embargo fue eliminado, el paso de los años no hay que negarlo habían pasado su factura.

Por
WILLIAM
ROSADO RINCONES

La humildad que se adhirió a la genética del rey vallenato Calixto Ochoa Campo, no le permitió adentrarse más de la cuenta en las clase de élite, muy a pesar de que su música era consumida en los clubes sociales de alcurnia, y las pocas veces que con ellos se relacionó siempre guardó su distancia, muchos le criticaron esa actitud, pero siempre argumentaba que se sentía mejor con el pueblo.

En una sociedad de relaciones y de ostentaciones, tal comportamiento lo distanció de los reconocimientos y homenajes que bien merecido los tenía, por eso, se los han brindado siempre, a los que se codean más con los poderosos y gobernantes de turno.

A Calixto Ochoa, hasta después de su muerte le están cobrando su modo de ser, no hay en ninguna parte de Valledupar ni del Cesar, monumentos, ni menciones que recuerden a este baluarte que, no solo hizo canciones para su generación, sino que las prestó en boca de los modernos artistas, para que las actuales generaciones bailaran y cantaran sus ocurrencias.

Ni en los momentos de gran emoción se dejó deslumbrar por los estratos, cuando se ganó el tercer Festival de la Leyenda Vallenata en 1970, los miembros de la clase social dominante de Valledupar y los organizadores del certamen quisieron, después de coronarlo, hacer una parranda con él  y celebrar el triunfo, pero no aceptó y prefirió irse para su pueblo natal, Valencia de Jesús, en donde amaneció con su gente.

Su triunfo en ese festival fue inobjetable, era un músico de moda para la época, era vallenato, pero se había forjado musicalmente  en la Sabana y estaba residenciado en Sincelejo, pero nunca perdió el contacto con sus familiares  y su tierra, sin embrago, algunos lo consideraban sabanero, tal vez, porque grabó mucha música bajo esa influencia, de hecho fue fundador del famoso grupo Los Corraleros de Majagual.

SE ANIMÓ

Se animó a venir  al Festival Vallenato, casi diez años después de la creación de ‘Los Corraleros de Majagual’, su fama desbordaba los linderos de la costa colombiana, entre otras cosas, porque era el compositor de los temas que más impactaban de esa agrupación, sin que esto le demeritara su don de acordeonero.

Calixto llegó ungido, con toda la capacidad para tocar vallenato.  Corría el año 1972, iban apenas dos versiones  de este concurso creado para que losacordeoneros compulsarán su versatilidad, y a eso llegó después de que Alejandro Durán y Colacho Mendoza, se habían coronado en el primer y segundo certamen respectivamente.

Estos indicativos le ‘sonaron’ a Calixto Ochoa, quien animado por varios amigos resolvió participar, era la oportunidad para desprenderse del estigma de sabanero, que  era una discriminación sin justificación, tal como ya lo habían hecho con Alejandro Durán, pese a ser de El Paso, Cesar, pero se lo endilgaban porque residía en Planeta Rica Córdoba.

Por primera vez, el certamen se realizó por fuera de su fecha tradicional del mes de abril, se trasladó para el mes de junio, dado a que se realizaría en su fecha tradicional, un proceso electoral para escoger el presidente  de la República de Colombia ese año. El evento contó con masiva presencia de seguidores que no le perdieron paso a las eliminatorias donde estaba el hijo de Valencia de Jesús, incluso casi todos los pobladores de ese corregimiento a 20 kilómetros de Valledupar, habían dejado sus casas solas, para respaldar a su ídolo.

Fue una titánica labor del maestro,  quien a sus 36 años, nota a nota dejó en el camino a dos connotados rivales: Nafer Durán y el emergente pimpollo ‘Emilianito’ Zuleta Díaz, del tronco generacional del  viejo Emiliano Zuleta Baquero, quien con  los bríos de su juventud,  ejecutó ejemplarmente, pero el delirante público coreaba eran las canciones que Ochoa interpretaba.

RARO AMBIENTE

Pero había en el ambiente una rara expectativa que auguraba como  ganador a Emilianito, esto causó una especie de alerta roja en la multitud que, extrañamente veía sobrevolar una avioneta por los alrededores de centro de Valledupar, arrojando carteles publicitarios alusivos a Emiliano Zuleta Díaz.

Esto llevó a que prácticamente media población de Valencia se trasladara a la Plaza Alfonso López a respaldar a su ídolo, como un ejército emancipador de la causa, e incluso algunos enardecidos, prendieron fuego a uno de los quioscos de palma que estaban en los alrededores de la plaza, en estos, era el los que se adelantaban las eliminatorias.

Pablo López, legendaria figura en la ejecución de la caja y quien acompañaba en ese festival a Emilianito Zuleta junto a Jorge Oñate en la guacharaca, atribuyó esa prevención de los valencianos y demás seguidores de Ochoa al patrocinio que ellos traían desde la capital de la república.

Así recuerda Pablo López Gutiérrez este episodio: “Emilianito, ‘Poncho’, Jorge Oñate y yo llegamos a tocar desde Bogotá, el Festival Vallenato, para entonces sólo pagaba 30 mil pesos, pero un doctor  de apellido del Castillo, no recuerdo ahora el nombre, era el Director de Turismo, nos bajó en el hotel Sicarare, y nos dio un cheque de cuatrocientos mil pesos, cien para cada uno. Nosotros estábamos conscientes de que si ganábamos estaba bien y como sino también, eso nos dio cierta categoría  porque los demás conjuntos estaban bajados en el hotel Los Cardones”.

Dice pablo que, en vista de eso a una hora de arrancar los concursos, ellos estaban en la piscina cuando de pronto pasó la avioneta regando volantes donde se prevenía que el Jefe de Turismo tenía elegido a Emilianito, por eso la gente se alteró y alcanzaron a quemar un quiosco, aseguró el cajero.

“Por esa situación, nosotros no queríamos presentarnos pero al final resolvimos, a pesar de que eso estaba escriturado para Calixto Ochoa, y fíjese que fuimos tan cordiales que en un gesto de caballerosidad Emilianito Zuleta, le prestó su acordeón a Ochoa porque  el de él se había dañado, es decir, Calixto ganó con el acordeón de Emilianito; al final también Jorge Oñate ganó premio como el mejor guacharaquero y cantante y yo el mejor cajero y aumentamos la cuota”, concluyó entre risas el cajero Pablo López Gutiérrez.

CELEBRÓ CON SU PUEBLO

Al final el pueblo enardecido paseó a Calixto Ochoa en hombros, mientras que, muchos ricos seguidores del rey, trataban de arrebatárselo a la fanaticada para llevárselo a parrandear, pero los guardianes celosos que habían llegado de su pueblo, rápidamente lo sacaron, lo montaron en un camión y a media noche llegaron al pueblo completamente oscuro, lo bajaron en ‘La Calma’, la famosa cantina de su primo Vicente Ochoa e iniciaron una gran parranda de amanecida, hasta que el tercer Rey de la Leyenda Vallenata cayó rendido en un taburete con el acordeón terciado en el pecho.

Mientras eso pasaba en Valencia, a Calixto se le criticó por haber dejado plantados a los organizadores del Festival, que por tradición celebraban con los reyes y otros miembros de la sociedad vallenata, aún, teniendo un acérrimo seguidor con quien tenía cierta afinidad, como lo era, Pepe Castro, con quien conservó una gran amistad hasta la hora de su muerte, era común ver a Pepe en Sincelejo, visitándolo en su lecho de enfermo.

Al día siguiente el festejo se trasladó a  Aguas Blancas a casa de su hermano Juan Ochoa, uno de los que había aprendido el arte de tocar el acordeón.

Veinte años después, volvió Calixto Ochoa al Festival Vallenato, había sido la única presentación que había realizado en concursos, sus ocupaciones no se lo permitían, además de ganar muchos recursos en sus presentaciones. En esta segunda ocasión vino al primer Rey de Reyes, pero ya disminuido por los años y el trajín  y con 56 años a cuestas.

“Yo no me había vuelto a presentar al Festival porque consideré que una vez era suficiente, si hubiera querido  lo habría hecho pero no me nació, volví al Rey de Reyes porque era una convocatoria a la que se tenía que ir”, dijo en su momento.

Fue de los pocos  participantes que trajo una canción inédita en homenaje al certamen la que llamó el  ‘Festival del Siglo’ además de las tradicionales: ‘El Mundo’, y ‘Palomita Volantona’.

Al final ganó ‘Colacho’ Mendoza después de un duelo de titanes frente al maestro Alejandro Durán Díaz; la profunda admiración por ‘Colacho,’ amén de una bien cultivada amistad, llevó a Ochoa a aceptar con decoro su designación como Rey e incluso celebró con él  ese triunfo, esa vez, sí se quedó en Valledupar.