Diario del Cesar
Defiende la región

Organización en ´pañales´ para el Bicentenario

314

El próximo 7 de agosto celebraremos 200 años de independencia, a propósito de los hechos que concluyeron con el Congreso Provincial que ordenó el proceso de emancipación dirigido por el Libertador, bajo el sueño de convertir a Venezuela y la Nueva Granada en la Gran Colombia.

Esa parte de la gesta revolucionaria se inició en los albores de 1819, con la marcha que Simón Bolívar desplegó hasta San Juan de Payara, mientras que en Pore, en los Llanos Orientales, Francisco de Paula Santander organizaba un gobierno con plenitud de poderes políticos, jurídicos y militares.

El 15 de febrero se instaló el Congreso de Angostura bajo la consigna de la unidad y un gobierno fundado en “la soberanía del pueblo, la división de poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud y la abolición de la monarquía”.

Tras penosas y arduas batallas, que implicaron cruzar la Cordillera de los Andes, la campaña libertadora arribó al Pantano de Vargas, un pequeño valle situado cerca de Paipa, en tan feroz confrontación con los realistas que Bolívar pensó que perdería la ofensiva, pero el coronel Rondón y sus lanceros concurrieron a tiempo para darle un giro a la historia, lo que permitió la toma de Tunja, e hizo posible que el sábado 7 de agosto los patriotas frustraran el paso de las tropas imperiales en el Puente de Boyacá, desencadenando otros hitos gloriosos que concluyeron en la aprobación de la Ley Fundamental de la nueva República de Colombia el 17 de diciembre. Por eso, este año celebramos el Bicentenario de la Independencia.

A pesar de la trascendencia de las efemérides, no se siente aún ambiente para su celebración, cuando está dada la excusa propicia para concitar el interés de buena parte de la población en la elaboración de un proyecto nacional que incluya a todos los colombianos, y que ayude a superar la segregación, la inequidad y la desigualdad que nos ha acompañado desde los preludios de la patria.

A estas alturas del año, todos tendríamos que estar comprometidos con la conmemoración como una oportunidad para repensar e interpretar la historia, con el fin de extraer de esta las razones y los valores fundantes de nuestra República. Tendríamos que estar en plenos diálogos entre las diversas culturas que conforman nuestra nación, para construir una en la que todos nos sintamos parte, sin prevenciones ni sentimientos de rechazo entre regiones ni localidades.

Pero estamos a tiempo y nos concierne a todos. Por eso, a los programas que el Gobierno nacional ha emprendido para las celebraciones, a nivel local podemos contribuir desde las universidades y colegios, con el apoyo de instituciones públicas y la empresa privada, para organizar actividades académicas sobre el Bicentenario a fin de suscitar reflexiones que mejoren nuestra comprensión de la historia común, del ser colombiano, qué nos identifica, qué nos iguala, qué nos separa, cuáles son nuestras fortalezas y qué no debemos repetir.

Instamos entonces al Gobernador y al Alcalde, a los rectores y fuerzas sociales y comunitarias, para que abramos esos espacios de diálogo que ayuden a formar la conciencia histórica de los ciudadanos