Ser samario y magdalenense debe ser, por encima de toda consideración, además de honor y compromiso, reto, desafío y responsabilidad, y en tal medida, creernos que, sí todos hacemos nuestro aporte en la sociedad, construiremos una ciudad y un departamento fuertes, vigorosos, esperanzadores, significativos.
Es tener una obligación inolvidable con el porvenir. Estar siempre ahí para lo que uno y otro demandan de nosotros. Un recuerdo permanente que nos invite día tras día a no cometer el imperdonable error de la ingratitud, ni de ser ajeno a las necesidades, a los sueños de sus pobladores, como tampoco a no esquivar los retos que en cualquier momento debemos asumir para cumplirle a los nuestros y a nosotros mismos.
Aprendí de mi padre, el amor por Santa Marta y el Magdalena. Decía él que, un padre debe dejar a sus hijos las bases para ser un buen ciudadano; servirle a los demás desde donde menester fuere o nos encontremos; y, la educación suficiente para crecer.
Somos una ciudad y un departamento maravilloso, y aunque llenos de dificultades y muchas veces mal administrados, al mismo tiempo llenos de esperanza; de ahí la importancia de sembrar en los nuestros el ánimo de prestarles servicios, hacer parte de las causas grandes o pequeñas.
Nuestros terruños los necesitan y nos necesitan. Demandan sacrificios y buenos oficios. Pensar como alguien dijera, parafraseando, que, no hay que preguntarse qué es lo que puede hacer mi ciudad y departamento por mí, sino que puedo hacer yo por ellos, en la verdad que, pensando así, tendremos asegurado todos un mejor, equitativo, igualitario y más justo porvenir.
Nunca debemos negarle nada a estas tierras y empeñarnos en promover la igualdad de oportunidades y el empoderamiento económico de los menos favorecidos, lo que no sólo es moralmente correcto, sino también económicamente acertado.
Es lo cual una buena política en todo sentido, pues pobreza, discriminación e ignorancia restringen el crecimiento, por lo que debemos preocuparnos y también ocuparnos no solo porque haya una economía eficiente, más rica, y más respetuosa de los derechos de los consumidores, sino porque crezca, ojalá que exponencialmente, y sea más justa.
No se trata de hacer cosas por hacer, sino útiles, que ayuden a transformar sociedad, gente y vidas. Asumir retos, dar las batallas.
Tenemos como comunidad desafíos inaplazables, tales como superar la inequidad, la desigualdad, eliminar las causas objetivas de la guerra, pobreza extrema, desempleo y la falta de oportunidades; grandes prioridades sin duda.
Ello debemos y tenemos que lograrlo con los mejores ciudadanos, de primera condición, preparados, comprometidos, con ganas de servir; más por cuanto la falencia de nuestro tiempo es que los hombres no quieren ser útiles sino importantes, lo que a la postre a nada conduce.
Hay que apostar a ser una ciudad y un departamento cívicos, No podemos darnos el lujo como ciudadanos de ser indiferentes.
Es hacer lo más desde el civismo, lo que debe impedirnos marcarnos con el desinterés por lo público y el servicio público, importando por tanto que sea un gran compromiso de todos nosotros recuperar la esencia cívica, entregarnos decisiva y decididamente hacia las causas sociales, la solidaridad, la lucha por los derechos de los menos favorecidos.
Salir adelante como ciudad y como departamento.
Somos promisorio porvenir, que no nos quepa la menor duda, razón por la que debemos desarrollarnos y crecer como ningunos otros territorios; de ahí la importancia de decidir como sociedad, navegar juntos hacia el mismo puerto con arrojo, decisión y plural optimismo; ya que, si lejos queremos llegar, caminar junto debemos.
Hacerlo juntos y sin distingo de ideologías, nos permitirá construir el porvenir, el verdadero futuro. Construir y seguir edificando una ciudad y un departamento en el que todos quepamos, en paz, incluyente, sin ciudadanos de segunda categoría. Donde el servicio público sea el mejor de los servicios.
En el que todos construyamos a favor de todos. Donde la economía esté al servicio de los ciudadanos y no de unos pocos. Una ciudad y un departamento mejor para nuestros hijos, nietos, presente y ulteriores generaciones. saramara7@gmail.com