Diario del Cesar
Defiende la región

Del libro Crónicas y Ensayos

CRÓNICAS DECEMBRINAS

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Por:

ALFONSO

NOGUERA

AARÓN

 

Tercera Parte). Exclusivo para HOY DIARIO DEL MAGDALENA.

Luego del anhelado y tan agitado día 24 de diciembre, con su interminable noche repleta de eventos que van de los alegres y divertidos, a los ingratos y hasta trágicos, viene un 25 de diciembre desértico y donde solo se ven los insomnes borrachos en los pretiles bailando a tumbos y diciendo nada. Durante todo el 25 se siente un fragor en el aire resultante de los mil altoparlantes y bullicios próximos y distantes.

No hay periódicos ni noticias y creo que ni misas, y ni los aleluyas arriman a sus templos, pues como que el mundo se detiene entre la seca brisa fantasmal. Pero, ya vendrán las noticias de lo que el diablo hizo por debajo del mundo en otros lares, y entonces aparecen los periódicos con sus noticias políticas y de farándulas que a veces a nadie les interesa, y solo hasta el 26, si no cae sábado o domingo, todo parece empezar de nuevo.

Esos siete días entre el 24 y 31 de diciembre son los más atípicos de todo el año; pues, después de tan suculentas comilonas y esas efusiones contagiosas de parrandas y guachafitas, vuelve uno a la vida cotidiana, y entonces come cosas corrientes y hasta las disfruta como compensando con las simplezas las copiosas francachelas del 24 de diciembre. De niño me llamaba la atención que por esos días vuelve uno al arroz blanco con lentejas y carne guisada o desmechada, mote de guineo y hasta bocachico frito con yuca, ya que esos días coinciden con la “Subienda” del apetecido pez ribereño.

A fines de diciembre, suelen casarse los novios, hay paseos locales, despedidas tristes, pero también la llegada de más familiares que a veces vienen con invitados, no siempre escasos ni gratos; pues, al contrario de lo que se supone, ocurren desencuentros entre familiares irreconciliables y no pocas trifulcas entre vecinos.

En esas, después de esos días de altibajos sentimentales y como pasando por un frenético paroxismo, llega el 31 de diciembre, anunciando que el año viejo se va. En astrofísica, al menos, el recorrido elíptico de la tierra alrededor del sol en 365 días, se cumple en cada punto de su órbita, pero a alguien se le ocurrió que el día 31 de diciembre se termina cada vuelta. Ojalá hubieran tomado al 21 de diciembre como referente, ya que es el solsticio de invierno en el norte y de verano del sur, y la tierra llega justo al perihelio en ese día.

En cualquier caso, ya para entonces, y menos mal, ya diciembre y el año están a punto de terminar, pero con un endiablado frenesí mayor que el 24, pues se desatan unas labilidades emocionales que desnudan la condición frágil y efímera del hombre, y entre la ignorancia y las sensaciones de júbilo, se liberan conductas histéricas que entonces nos resultan sublimes o ridículas según las veamos. El 31 de diciembre se acaba el año occidental, pero es en cada persona donde habitan las decisiones de su vida, sin embargo, enmarcadas en un contexto cultural y político que siempre debemos analizar.

El frenesí callejero aumenta con las horas y  el aire tiembla en la noche que transcurre. Los motociclistas presurosos o borrachos chocan unos con otros y aún contra los carros en marcha ocasionando accidentes fatales en medio de trancones y un caos callejero que nadie resuelve y todos sufren hasta lo indecible, mientras los responsables (o irresponsables) encargados de la movilidad de ciudades y pueblos beben y bailan sus propias fiestas.

Las francachelas son parecidas a las del 24 y muchas comilonas se reciclan para el 31, pero al cabo de la media noche, el grito aguantado durante todo el año, estalla orgásmico entre el fragor de las fiestas: ¡Son las 12! ¡Feliz  Año…! ¡Feliz Año Nuevo! Y entonces, el estruendo prosigue a la bullanga y se escuchan las sirenas desbocadas, los gritos, los tiritos inocentes, los tiros de pistola, revolver, fusiles  y hasta de cañones y bombas, y la matraca del mundo cruje entre aquellas almas livianas hasta el amanecer del primero de enero, que viene terminando para muchos el día 2 o el 3 de enero, si no caen sábado o domingo; y el mundo, o lo que queda de él, vuelva a girar hacia ninguna parte en un enero fantasmal que como un largo lunes nadie quiere volver a empezar, y cual un borracho herido se enrumba  a los carnavales, que desde septiembre ya venía reventando por debajo de la alfombra de las banalidades criollas, solo esperando que pasaran las festividades decembrinas para soltar al diablo entre la carne insatisfecha.

Y entonces aparecen las noticias en televisión y radios de toda la hecatombe que surge de las bajas pasiones humanas y los periódicos y crónicas rojas chorrean sangre de accidentes, homicidios y muertos que ayer estaban vivos y hoy son portadas del trágico destino de la ignorancia y la tibieza. El hombre, por su doble naturaleza, corporal y espiritual, tiende a encorvarse hacia a la tierra o elevarse hacia los cielos, y por ello tiene sed del infinito, y ello lo angustia y lo fustiga; pero solo Dios lo sosiega y le prodiga la bendición que lo colme de paz, de amor y de Verdad. Muchas gracias. Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a todos mis amigos y conocidos.