La ceremonia inaugural del mundial de futbol nos ha demostrado que no sólo pertenece a las favelas, a las villas miserias y barriadas empobrecidas de los países del mundo, es también un deporte de suntuosidades y derroches, a decir de la ostentación que ha hecho en su organización un pequeño país árabe como Catar, que ha invertido cerca de 250.000 millones de dólares en la construcción de ocho estadios, aeropuertos, infraestructura, vías, hotelería, gastos operativos, premios, y hasta la construcción de una nueva ciudad que será sede de la final del certamen, el próximo 18 de diciembre. No podía esperarse menos del que está encasillado como uno de los países más ricos del mundo por su producción gasífera y petrolera, de tal manera que el desafío no era menos que predecible desde el año 2.010 cuando se confirmó su asignación.
Ya sabíamos que el futbol es la actividad deportiva más universal del planeta, la más heterogénea en sus practicantes, la más influyente en la vida de muchísimas personas, pero también la que mayor pasión despierta en sus seguidores o fanáticos. No hay ser humano que logre escapar a la emoción de un partido de futbol, de un gol de su equipo, o a la defraudación o tristeza de una derrota como la infligida por los ecuatorianos a la afición catarí en la tarde inaugural de hace unas horas. Los sesenta mil espectadores que vivieron la emoción del pomposo espectáculo de hoy le demostraron al mundo que el futbol es más que todo eso: paroxismo, duelo pasional, alegrías y tristezas en un estadio, es la superación de muchas frivolidades y equivocaciones de los seres humanos. Podemos afirmar entonces que el fútbol como pasión y como instrumento de explotación comercial se ha hecho compatible con todo. Ya Albert Camus, Premio Nobel de literatura en 1.957, había dicho que “…todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol”.
Pero en este deporte no todos aprenden de la misma forma las lecciones de moral, especialmente sus dirigentes. Al lado de estas escuetas realidades, se conoció ampliamente que el máximo certamen casi es boicoteado por las potencias futboleras del mundo, que acusaron a la cúpula directiva de la FIFA en eventos de corrupción por la designación de Catar como sede del mundial, por cuyo juicio fueron removidos de la Federación Internacional miembros de su cúpula directiva, y algunos encarcelados. Puesta en marcha la realización de la Copa del Mundo, se han conocido episodios graves de represión, maltrato a trabajadores migrantes, discriminación de trato a la comunidad, violación sistemática de derechos humanos, que algunos sectores deportivos han censurado con quejas a organizaciones internacionales de América y el mundo -HRW, OIT- sobre estos temas. De ellos, el más preocupante es el tratamiento dado por la organización al reconocimiento de los derechos laborales -accidentes de trabajo, lesiones, enfermedades profesionales- que merecen los deudos o herederos de los más de 6.500 obreros migrantes del Asia occidental muertos y lesionados en la construcción de los escenarios y las obras, sin que, según informaciones periodísticas, la organización haya dado muestras de responsabilidades. Culminado el evento, las organizaciones internacionales de justicia deberán intervenir y resolver los problemas que, con empleador tan rico, merecen ser resueltos de manera voluntaria o por vía de la conciliación.
El espectáculo del futbol debe continuar porque “la pelota no se mancha”, según dijo Diego Maradona y a los aficionados del mundo no se les puede castigar por la múltiple moral de sus dirigentes. Se informa que millón y medio de aficionados de los países clasificados están en Catar prestos a apoyar fervientemente sus banderas. A falta de lo mejor, el presidente de la FIFA condena públicamente lo que llama una actuación hipócrita de los dirigentes occidentales, quienes han reprochado este comportamiento de la organización catarí. Pero, a pesar de las censurables prácticas que produce el mundo del futbol, la opinión pública sabe que sus dirigentes son inferiores a la pelota, a la afición y a la hermosa pasión que este deporte irradia en la humanidad entera. Rindámosle en estos restantes 27 días, pleitesía al futbol.
*Abogado laboralista*Profesor universitario*Escritor