Diario del Cesar
Defiende la región

Debilidad institucional y desconcierto del Gobierno

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Lo que viene ocurriendo en el Sur del país no tiene otro nombre distinto que físico terrorismo. La protesta social quedó atrás y quienes la promovieron en su momento se les olvidó que estamos en un Estado Social de Derecho, donde nadie está por encima de nadie, y mucho menos se deben pisotear y atentar contra las instituciones.

Sin embargo, eso es lo que ha hecho la tal llamada minga indígena, cuya arrogancia y pretensiones se desbordaron de toda lógica, pero ello ha sido posible gracias a la debilidad institucional y a un Gobierno al que le ´midieron el aceite´, como se dice en el argot popular.

Desde el primer momento en que se produjo el bloqueo a las vías, la Fuerza Pública debió actuar con rigor y bajo el imperio de la ley. Hacer cumplir la Constitución y la Ley no es atentar contra ninguna etnia o minoría. Pero se le ha hecho creer al país que si se actúa al amparo de la Ley, se está atentando contra estos grupos que mucho daño le están causando al país.

Desafortunadamente hoy el Cauca, en especial el norte del departamento, es hoy el epicentro de una embestida de la violencia y del terrorismo con propósitos que son evidentes. Allí piden con urgencia que el Estado actúe en defensa de la legalidad y contra el caos que se quiere implantar allí.

¿Qué duda cabe entonces sobre lo que está sucediendo en el Cauca es terrorismo puro? Todo indica que hay un propósito deliberado por crear el desconcierto mediante el terror, las bombas y los ataques a instituciones que como la Policía tienen el deber de proteger los derechos de los propietarios contra las invasiones, o de despejar las vías de las tomas que perjudican de manera grave el funcionamiento del país.

También es innegable la presencia de los grupos de violencia empecinados en disputarse el control por el narcotráfico, que ahora pretenden mostrarse como defensores de los desvalidos. Disidencias de las Farc, ELN, reductos del EPL y narcotraficantes de toda clase atacan al Ejército, secuestran y matan soldados y disparan o vuelan la panamericana en medio de la minga, desafiando así el orden, buscando la respuesta de la Fuerza Legítima y poniendo en peligro la vida de miles de colombianos y los derechos que reconoce adquiridos con apego a la Constitución.

Tales actos son inaceptables y deben ser rechazados por la sociedad que está atrapada en medio de la confusión que producen los grupos criminales, y la porción de Colombia que lleva dos semanas padeciendo las consecuencias de la toma de una vía fundamental para el Cauca, Nariño, el Valle y el resto de Colombia. Pero también son un llamado para que las instituciones cumplan con su deber de asegurar la vigencia de las leyes y el derecho a la tranquilidad de los colombianos.

Ya no es momento para anunciar Consejos de Seguridad sino para hacer valer la Constitución. Ante los hechos que suceden en el Cauca, ya es hora de decir basta a tanto desafuero, de descubrir y judicializar a quienes lo están produciendo y de recuperar el orden que reclaman con justicia los habitantes de esa región colombiana y de todas las zonas afectadas. Y de responder con decisión y sin claudicaciones al narcotráfico y las delincuencias que tratan de imponer su dominio, disfrazados de simpatizantes de la protesta social.