Diario del Cesar
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Rosendo Romero: Una vida de versos y poesía

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POR: NINOSKA REYES URDANETA

Un hombre de sabiduría popular, de actitud serena y alma de paz, definen a un ser de historias musicales cuya esencia es el verso y el poema. Creció creando melodías entre las montañas cafetaleras, exaltando una ‘Fantasía’, recreada en ‘Una noche sin luceros’, que con ‘Cadenas’ lo llevaron a tener el ‘Corazón de oro’, que hoy lo distinguen y le permiten seguir llevando la narrativa lírica del vallenato a las mejores posiciones dentro del folclor.

Él es Rosendo Romero Ospino, ‘El Poeta de Villanueva’, quien este año es homenajeado en el 54º Festival de la Leyenda Vallenata, como un evento sin precedentes que hace honor a la poesía, a la creación de historias en base a las vivencias que en la cotidianidad se generan.

Su vida es una poesía, bien lo hizo saber su padre Escolástico Romero Rivera, el siglo pasado, cuando desde Becerril lo llevó al municipio guajiro de Villanueva, lugar que se convirtió en una ventana para sus creaciones que desde los 15 años palpitaban en su mente y corazón. Allí los pitos y el fuelle de los acordeones, sonaban acorde a la vida montañosa que le tocó arrear.

 

Nació en el barrio El Cafetal, el 14 de junio de 1953 en Villanueva. Desde entonces su vida está hecha en versos y bien lo que hizo con una de sus composiciones ‘Fantasía’, en la cual el poeta dice: “ese que escribe versos, repletos de verano, estando en primavera, ese soy yo… Ese que por ser bueno, lo tiran a la nada y que no cree en la fama… ese soy yo”.

Y así es, “frente al mundo soy un hombre de cristal con alma transparente”, frase que los autodefine, pues “le juré a la gente que a miles de corazones yo tenía que llegar porque el rumbo del camino me azuzaba ser valiente”. (Mi primera canción).

Sentimientos, alegrías, nostalgias, pero jamás resentimientos y pesares, es lo que siempre han envuelto las composiciones del maestro, quien recuerda que su esencia campesina se convirtió en el escudo de fortaleza para ir alimentando sus composiciones, que aunque las escribía sin orden y sin gramática, estaban impregnadas con una exacta melodía adquirida del trajinar en las montañas y la humildad de su gente.

Siempre ensombrerado y camisa de con sus colores preferidos como los grises, amarillos, verdes y violetas, Rosendo mantiene la estirpe que desde su abuelo heredó y que además mostraron las razones que Ana Ospino Campo y Escolástico Romero Rivera, tuvieron para llamarlo Rosendo, el hombre que hoy es considerado el mejor en los últimos 50 años.

ASÍ TRANSCURREN SUS COMPOSICIONES

‘La caída’ y ‘Corazón de oro’, interpretada por Kike Ovalle junto al acordeonero Chongo Rivera, y ‘La custodia del edén’, cuya obra fue grabada por Armando Moscote y el acordeón de Norberto Romero, fueron lo inicios de un camino lleno de sabiduría construido en base a muchas alegrías revueltas con llantos, cuyos versos le han dado un sello inigualable: “Quiero al compás de viejos sones / mi amarga pena destrozar”.

La composición “Separación” lo afianza, lo hace diferente de dos paseos de su naciente pluma de entonces, el primero de corte romántico y el segundo alegre, grabados por Gustavo Bula y Norberto Romero, entre los años 1975 y 1976 se escuchan en la voz de Jorge Oñate y el acordeón de Nicolás Mendoza Daza: “Noches sin luceros” y “Cadenas”, que marcan su ascenso triunfal como creador, de allí se afianzó Rosendo Romero Ospino.

Sin proponérselo, es distinto a muchos de su generación, nunca incluye su nombre en las composiciones, solo narra sus vivencias y entorno, por eso se describe como un después de Rafael Escalona. 

‘El poeta de Villanueva’, ha puesto música a todas las verdades sociales, al amor y desamor, al trabajo, la vida en el campo, el poder económico y político, a la vanidad, a las inquietudes de los jóvenes y no tan jóvenes, a la revolución de la tierra que no ha sido tan efectiva, en fin, a todo cuando ha rodeado su vida y que puso en voces de destacados artistas como Diomedes Díaz y Jorge Oñate.

 ‘Mi poema’ y ‘Romanza’ las entregó a Silvio Brito y el acordeonero Orangel el Pangue Maestre. Diomedes Díaz y Colacho Mendoza se encargaron de exaltar ‘Fantasía’; mientras que ‘Canción para una amiga’, y otras más, se envolvieron por el encanto sentimental y formal de Rafael Orozco y el acordeón de Israel Romero Ospino, su hermano.

Su estirpe siempre se ha inclinado al vallenato, incluso pocos han sido los éxitos logrados en otros géneros musicales, entre los que se puede resaltar La Zenaida, la cual fue grabada por Armando Hernández, Macumba Yambé, Cumbia José Barros y Entre tambores y flautas.

Su historia también quedó marcada por su primera canción ‘La Sortija’ que no ha podido recordar, ya que un día ‘La Muñe’, como le decían a su madre, botó a la basura en un frágil cuaderno donde estaban escritos los sublimes versos que jamás pudo recuperar.

SUS POEMAS EN CARICATURA

Definitivamente su humilde travesía por la vida la hizo versos y poemas. Hoy día lo definen y dejan claro los momentos vividos en su infancia, a lo que luego se le agregaron las mujeres y el amor, que en muchos casos hizo fantasía, para hacer real lo que componía.

Edgardo Mendoza, periodista cultural y literario en Valledupar, escribió sobre la vida del compositor en su libro ‘Crónicas Vallenatas’, lo que hoy conjuga con la creatividad, que a través de las caricaturas de Alejo, muestra a los amantes del género y a los que quieren conocer de Rosendo Romero.

En su trabajo titulado ‘Rosendo Romero, un río musical’, Mendoza afirma “Con tantas notas en la sangre y el alma, en el barrio El Cafetal fue escuchado el sonido del río crecido bajando desde la montaña con sus aguas de panela para regalar sus últimos chorros al río Cesar, pero antes mojaba el patio de su casa cuando las ausentes lluvias lo dejan sin caudal y es cuando Rosendo dice: Cuando el río se seca en el verano queda ni esqueleto de serpientes. Ramas secas y arena caliente forman el paisaje desolado, Las aves se van despavoridas, van buscando nuevo invernadero”.

Rosendo Romero es el poeta de esta generación después de Escalona, que trabajó la poesía descriptiva como la de Tobías Enrique Pumarejo y de Juancho Polo, pero cada uno cantaba a un lado del río en el Magdalena Grande y otro de este lado en la Sierra.

Cuando él dice que es un poeta serrano, describe su crianza en la Serranía del Perijá, en el famoso cerro pintao de Villanueva. Viene de una familia musical, incluso tiene parentesco con Alejo Durán. Es allí donde dice: “Soy serrano en tus montañas y al besarte, soy, como un pájaro en la mano manso de cariño” (Mi poesía).

Recuerda Mendoza, que mientras otra gente le cantaba solo a la mujer, Rosendo le componía a la naturaleza, a los luceros, a las montañas, en fin, su entorno para él siempre fue un poema.

“Rosendo es un personaje de la poesía vallenata, se ha definido como el ‘Poeta de Villanueva o el Poeta del camino’. Siempre le cantó al café y su canción ‘Zaida’ lo expresa: Soy montañero de sueño madrugador, cafetalero de una tierra musical. Mi corazón se formó entre poemas de amor sobre el peñazo de allá se oyó mi voz”.

Definitivamente de los años 70 al 90, se hicieron las mejores canciones vallenatas, con más letras y sentimiento. El género siempre ha sido descriptivo de verso en verso, de boca en boca como decía Escalona; de allí la esencia del ‘Poeta de Villanueva’.

La palabra olvido jamás existiría para este gran artista que desde hoy será el epicentro del Festival Vallenato, en cuya tarima soñó reencontrarse con Jorge Oñate, pero por cosas del destino, verseará hacia el cielo entre nostalgias y recuerdos.