Diario del Cesar
Defiende la región

Soldado avisado 

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Por:  

FRANCISCO JOSÉ  

LLOREDA MERA* 

Dicen que soldado avisado no muere en guerra. En Colombia muere estando avisado. Es lo que hemos vivido desde hace años con las protestas; dicen que serán pacíficas y muchas terminan en violencia.

Pues bien, anuncian sendas manifestaciones para el 20 de julio. Está por verse si las autoridades aprendieron la lección o si permitirán que de nuevo los organizadores de los paros vandálicos apliquen su receta desestabilizadora.

No es claro el alcance de lo que traman y circula en las redes todo tipo de información. Como siempre, se indica que hay guerrilleros y narcos detrás y el país se prepara -o no se prepara- para un día incierto en el que todo o nada puede suceder. Por lo anterior y en especial en Cali y Bogotá, donde los desmanes han sido intensos, es deber aprestarse, pues a juzgar por el pasado, se sabe cómo empiezan las protestas y no cómo terminan.

Más teniendo en Cali y Bogotá a dos alcaldes que han demostrado ser unas veletas, por decir lo menos. El primero espoleó el último paro, legitimó la violencia y permitió el bloqueo y desabastecimiento de la ciudad; imperdonable. Los únicos ganadores fueron quienes sitiaron a Cali, empezando por los vándalos de la primera línea. El resto perdió. No encontraron en Jorge Iván Ospina a un alcalde sino a un enemigo de la propia ciudad.

La alcaldesa de Bogotá tampoco salió bien librada. Pensó quizá, que por ser del Partido Verde o de la oposición, sería recibida como una heroína en los lugares de ‘resistencia’; la sacaron escoltada. Pese a momentos de firmeza, fue errática al ejercer la autoridad, y al igual que Ospina terminó validando a quienes atentaron contra el transporte masivo y se le vio más preocupada por cómo culpar a otros de sus errores que por la seguridad.

Se espera de ambos un proceder distinto de cara a las protestas anunciadas. El alcalde de Cali está a tiempo de evitar que la ciudad vuelva a ser referente mundial de violencia y alinearse con la Policía para evitar bloqueos y barbarie, y la de Bogotá, evitar que los malandrines destruyan de nuevo el Transmilenio y aíslen localidades enteras. Y ambos, garantizarles los derechos a los que no protestan: que no vuelvan a quedar secuestrados.

Pero no solo ellos deben sacudirse: deben hacerlo el resto de alcaldes y gobernadores. Muchos se escudan en el diálogo para no aplicar la ley; les da miedo tomar decisiones impopulares. Hace bien la Gobernadora del Valle en restringir unos días el ingreso al departamento, convertido en teatro de guerra urbana por sindicalistas y comunidades indígenas foráneas. Aprendió la lección, ejemplo que deben seguir otros mandatarios.

Y se espera que el Gobierno Nacional temple las riendas y a tiempo. Esta vez no puede fallar la inteligencia, y el despliegue policial y el apoyo militar no pueden llegar después de los destrozos. Debe impedir los bloqueos y de ser necesario hacer uso legítimo de la fuerza para removerlos, y no vacilar en decretar toques de queda. Y que la Fiscalía no siga pasando de agache y la Procuraduría ponga en cintura a quienes incumplan la ley.

El punto de fondo es uno: no es admisible que el país vuelva a vivir lo que experimentó durante los meses del llamado paro nacional. El Gobierno, los gobernadores y alcaldes, los órganos de control, deben garantizar la protesta siempre y cuando sea pacífica y no atropelle al resto de ciudadanos. Estamos hastiados de la falta de autoridad a todo nivel, de los bloqueos y la violencia, y del eco que les hacen algunos medios a los vándalos. Soldado avisado sí muere en guerra si no se prepara, si se duerme, si se deja emboscar.

*Exministro de Estado