Diario del Cesar
Defiende la región

¡Feliz cumpleaños Valledupar! tus cantores te halagan

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Valledupar la ciudad emporio del folclor vallenato está cumpliendo hoy 469 años de historia, periplo durante el cual ha soportado la evolución  de un folclor que se asentó en su suelo, pese a que la gran mayoría de sus intérpretes, provienen de otros territorios, especialmente de La Guajira, pero fue aquí, en donde se acogieron y se civilizaron los ritmos que en principio fueron discriminados por los núcleos sociales de la época.

El acordeón, instrumento dominante tuvo que soportar el apartheid, y solo se le reservaban lugares populares, en donde la clase trabajadora bailaba y bebía como un aliciente a las labores rutinarias, era una jornada de solo acordeón al que más adelante se le fueron sumando otros instrumentos que, conformaron la trilogía perfecta con la caja y la guacharaca, para quedarse como los elementos puntuales del vallenato. Ya en el plano comercial se adicionaron otros enseres que, le brindaron la acústica para competir como uno de los géneros que identifican musicalmente al país.

CULTURA MUSICAL

En ese periplo, la ciudad ha sido objeto de halagos por parte de los compositores como agradecimiento al matriarcado, incluso, hasta el nombre del folclor es heredado de su gentilicio: ‘vallenato’, lo que en parte ha despertado cierto celo de los intérpretes originarios de otras latitudes.

Uno de esos personajes emblemáticos de Valledupar ligados a su música fue Antonio Guerra Bullones, más conocido como, ‘Compae Chipuco’, quien a pesar de haber nacido en el hoy departamento de La Guajira, se convirtió con su acordeón en una de las imágenes más representativas de esta tierra, en donde se ancló y echó raíces, incluso fue inspirador de uno de los cantos más representativos del folclor, el que fue compuesto por otro guajiro, de Fonseca, ‘Chema’ Gómez.

/Me llaman Compae Chipuco

Y vivo a orillas del Rio Cesar

Soy vallenato de verdad

No creo en cuento no creo en ná

Solamente en Pedro Castro

Alfonso López y nada más/

La fama de ‘Chipuco’ atrajo a muchos personajes a esta provincia que apenas despertaba del olvido y en el folclor encontró su mejor vitrina, la que terminó de catapultar el Festival Vallenato, muchos años después.

Pero, no solo son canciones vallenatas las que le han dado realce a Valledupar, no hay que negar que antes de que el vallenato se posesionara, este terruño era codiciado por las orquestas venezolanas, que con frecuencia tocaban  acá, lo mismo que las bandas papayeras de la sabana, igualmente, nacientes orquestas y combos colombianos que también hacían lo propio, entre estos, se pueden mencionar, a los Hermanos Martelo, Alfonso Piña, Lucy González, Pello Torres, y otras locales como Reyes Torres y Los Picapiedras.

De ese enjambre de músicos que sintieron el apego por esta tierra salieron temas que siempre mencionaban la belleza y hospitalidad de los nacidos en Valledupar, amén del perfil de sus mujeres y el encanto de sus leyendas, las que hablaban por ejemplo, del envenenamiento de los españoles por parte de los indígenas nativos, o simplemente el encuentro de Francisco ‘El Hombre’ a puro acordeón, con el mismísimo diablo.

Las letras de  esas obras se convirtieron en la esencia que blindaron la fortaleza cultural y estructural de este  emporio, al que uno de los autores catalogó como edénico lugar. Se trata de Andrés Salcedo González, un hombre de radio, barranquillero, que fue traído a Valledupar cuando se inauguró una de las más queridas emisoras de la región, Radio Guatapurí.

El nobel comunicador, en el poco tiempo que duró en esta comarca, se enamoró tanto del territorio y sus costumbres, que al momento de partir lo inundó la nostalgia, al tiempo que sin ser especialista en letras ni partituras se inspiró en una de las canciones más dicientes del querer vallenato, y así la tituló: ‘Valledupar’, un contenido que penetró al tuétano de la idiosincrasia local, y hoy cada vez que suena ese tema,  los sentimientos emigran hasta los propios pies del Eccehomo patrón.

/Valledupar edénico lugar

Que brilla bajo el cielo de la tierra mía

El corazón no puede soportar

El profundo pesar que da tu lejanía/

INSPIRACIÓN PAISAJÍSTICA

Pero no solo se le ha cantado a la ciudad en sí, también al entorno, a sus paisajes, ríos y a la imponente sierra Nevada, a la venerada imagen del Eccehomo, y a sus leyendas, que son emblemas de la hidalga ciudad que, hoy cumple 469 años.

A propósito de la Leyenda que le dio nombre al Festival Vallenato, es una de las tradiciones orales más cimentadas que tiene la ciudad, en la que se da cuenta de la férrea resistencia que encontraron los españoles en su plan de conquista de este suelo. En uno de estos trances, en represalia por el mal trato a una indígena por parte de un blanco, los nativos envenenaron una laguna de donde debían beber los europeos, los que cayeron intoxicados, hasta que se dio la aparición de la virgen que los revivió, este episodio, fue sintetizado en una canción bajo la autoría de Víctor Camarillo, ya fallecido.

/En una llanura linda de un Valle muy rico lo que sucedió

Una gente bien armada de tierras lejanas la nuestra querían

Fue entonces cuando los indios al escuchar el grito que el jefe lanzó

Y por medio de emboscada y flecha envenenada ellos la defendían

Los españoles avanzaban y los indios Tupes le retrocedían

Hasta el monte Sicarare donde se encontraba el cacique Upar

Y un manantial de sus aguas que por envenenadas todos se morían

El capitán de la guarda se hizo de rodilla y se puso a exclamar

Y la virgen se les apareció reviviendo a los envenenados

Y el cacique herido se entregó, así fue que se realizó el milagro/

Uno de los compositores más raizales, que siempre destacó a Valledupar en sus letras fue, Nicolás Maestre, un patillalero que por cuestiones laborales terminó radicado en Bucaramanga, pero que dejó sembradas en el alma vallenata, hermosas páginas que le dieron lustre al Valledupar de los años 70.

A Nicolás se le debe una canción grabada por Lisandro Meza, titulada ‘Valle Arhuaco’ en la que resume el contenido económico y paisajístico de la ciudad que emergía, además de enmarcar la etnia arahuaca como aditamento de esa cosmovisión terrígena que amalgamó las costumbres de indígenas y colonos

/Oh Valledupar dóname tu sol

Para en ti encontrar una inspiración

Para así cantarle a tu tierra bella en una canción

Que es incomparable en la costa norte de mi Nación

Toda esa alegría bajo tu cielo manto de luz

Eres patria mía y por eso canto lo que eres tú/

Este mismo autor es el responsable del himno al río que surca el suelo de los acordeones, el río Guatapurí, al que no dudó en llamarlo ‘El Rey del Valle’, haciendo una antológica letra que ha sido grabada en varias ocasiones y cuya versión original la hicieron Los Playoneros del Cesar.

/Bajando desde lo alto de la sierra

Majestuosamente viene deslizándose hasta aquí

Y cruzando montes, llanos y veredas

Regando  unas arroceras nos baña el Guatapurí/

/El baja desde la Sierra nevada

Todas sus aguas arhuacas se las dona al Río Cesar

Y rugiendo contra sus orillas choca

Y sus aguas que van locas se ríen de Valledupar/

El barrio Cañaguate, alma y nervio de la vallenatía no podía escapar a la inspiración de muchos compositores que en sus calles vieron fluir las crecientes rítmicas de sus cantares, allí Rafael Escalona hizo ‘La Mona del Cañaguate’ en sus épicas batallas amorosas, lo propio hizo Isaac Carrillo con ‘La Cañaguatera’, el mismo Nicolás Maestre creó la ‘La Casita’ una letra dedicada a su querida madre que vivió por siempre en ese entorno.

/En Valledupar

Hay una casita en el Cañaguate

Que por ser chiquita  en  ella el amor

Se esparce y se sale/

/Todas las mañanas

Cuando los lirios dan sus aromas

Sale una viejita a rezarle a Dios

Desde aquella aurora/

Son muchos los cantos que se han hecho a esta tierra que avanza al mismo ritmo de las tecnologías, tal vez hasta el modo de hacer canciones ha cambiado, pero desde la profundidad del sentimiento, siempre habrá un verso para enmarcar las calles  en las que quedaron por siempre las huellas de unos locos como ‘Chorro balín’ o ‘Chepo’ que al igual, fueron parte de ese andamiaje provinciano que caracteriza a los que aquí nacieron.

No se puede cerrar este capítulo, sin registrar la canción que como regalo le entregó Marciano Martínez a esta tierra que lo acogió, pese a su intransferencia guajira, con ella ganó un Festival Vallenato. ‘Con el Alma en la Mano’.

/Valledupar prócera ciudad

Desde mi tierra que la quiero tanto

Le traigo un abrazo de paz y amor

Símbolo de confraternidad,

Entre los guajiros y los vallenatos

Que vibran al canto del mismo folclor,

Donde se olvida la pena, el dolor

Con el trinar de un solo acordeón/

/Las mismas notas que un día Pedro Castro,

Bailó entre los brazos de un sentido amor,

Las mismas coplas que el viejo Emiliano

Y Morales cantaron llenos de emoción

Hoy vengo yo con el alma en la mano,

Casi logrando con esta canción,

En nombre de algo tan puro y sagrado

A pedirte que me hagas el favor/

¡Feliz Cumpleaños Valledupar!

Por WILLIAM ROSADO RINCONES

COMO UN EMBLEMA de las costumbres vallenatas, el acordeón tienen su monumento en la ciudad cumplimentada, como un vestigio de esas piezas musicales que le han dado la vuelta al mundo/RICHARD DONGOND.