Diario del Cesar
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Avances y retos del Plan de Vacunación 

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Es importante hacer balance de cómo avanza el Plan Nacional de Vacunación, pues este es el camino más indicado desde la salud pública para salir delante de varios de los efectos perversos que ha traído a nuestra sociedad esta terrible pandemia, empezando por los más de 87.000 fallecidos –según cifras oficiales– en Colombia. El objetivo del plan consiste en controlar la transmisión y contribuir a la inmunidad de rebaño en el país, mediante la fijación de una serie de etapas y fases definidas a partir de un criterio fundamental: priorización sustentada exclusivamente en criterios epidemiológicos. Esto último es lo que hace distintivo el plan colombiano con respecto a otros países de América Latina.

El plan presenta avances importantes: con datos de la semana anterior, se habían vacunado en Colombia con la primera dosis 8.3 millones de personas, y 3.1 millones de estos ya habían recibido la segunda dosis. El 93 % de los mayores de 80 ya recibieron la primera vacuna, así como el 57 % de la población entre 60 y 79 años, y el 80 % del servicio médico de primera y segunda línea.

Estas cifras indican que es importante tener en cuenta que un grupo significativo de personas están en fila para la segunda dosis, lo cual exige priorizar este proceso, así como su seguimiento; y es necesario mantener gran velocidad en el proceso de vacunación que se ha logrado en las últimas semanas (150 mil o más dosis diarias) comparada con la lentitud con que comenzó todo el plan (menos de 50 mil dosis diarias) dado que la cobertura de la segunda etapa apenas cubre cerca de la mitad de la población objetivo.

Lo anterior ha permitido una gran reducción en el contagio y la mortalidad del personal médico, así como de algunos de los grupos poblacionales de mayor edad. Este resultado tiene que ver sin duda con las priorizaciones realizadas de acuerdo con evidencias científicas y epidemiológicas. Algo también relevante a partir de ese criterio epidemiológico es la decisión de definir 111 municipios del país (con base en sus características de población rural dispersa y distantes) en las cuales se aplicará vacuna de una sola dosis y como parte de la etapa 3. Es muy importante que efectivamente el plan haya tenido en cuenta esos contextos rurales particulares para hacer más eficaz sus resultados.

Quizás el lunar del plan, además de un inicio tardío y su baja disponibilidad total actual de vacunas, es que 11 departamentos y municipios como Buenaventura tienen guardadas 30 % o más de las vacunas distribuidas. Preocupa, en particular, que en departamentos fronterizos como La Guajira y Norte de Santander ese porcentaje es de 41 % y 30 %, respectivamente, y el Cauca del 43 %, un departamento que se caracteriza por su población pluriétnica. Es urgente actuar a este respecto.

Varios retos surgen con relación al Plan de Vacunación:

El primero es persistir en la ejecución prevista del plan y con los niveles actuales de vacunación diaria, fortaleciendo los mecanismos de seguimiento y ejecución, en especial en algunos departamentos y en ciudades.

Lo segundo es que la ejecución del Plan debería tener datos abiertos para que todos los ciudadanos tengan información del avance en su territorio.

Lo tercero es que deben revisarse las poblaciones que van a ser incluidas definitivamente en la etapa 4, teniendo en cuenta el incremento en la pobreza y la informalidad, con el fin de no profundizar las desigualdades, pues algunos estudios en el mundo señalan que hay factores sociales determinantes de la salud, y que ciertos grupos poblacionales a los que ese tipo de condiciones particulares señaladas así como laborales específicas, los hace más propensos a peores resultados de salud frente a la pandemia. Es decir, hay que cuidar aún más la equidad en las circunstancias actuales.

Por último, es necesario que Colombia inicie una carrera planeada, continuada y adecuadamente financiada para tener producción de vacunas para los años que vienen, sobrepasando los pobres resultados obtenidos con la del paludismo