Diario del Cesar
Defiende la región

Juanita rompe feliz las redes

277

Como los estudiosos en diferentes campos no han podido medir la felicidad en todos sus contextos, en mi caso la concibo por momentos vividos, al fin y al cabo la vida  es la suma de momentos, y los alegres  deben permanecer, los tristes, aunque impredecibles como los terremotos, también cuentan. Nos ayudan a repensar las cosas. A revivir.

La  economía moderna crece gracias a nuestra esperanza en el futuro y a la buena disposición de los capitalistas a reinvertir sus ganancias en la producción. Dice  Y. Noah Harari que en 1.700 los carros eran producidos principalmente por el esfuerzo muscular de carpinteros y herreros, en la actualidad las fábricas de Toyota y Boeing las máquinas son accionadas por motores de combustión y centrales de energía nuclear. El cuerpo humano y los animales  eran la máquina de energía  de ayer, para empujar un carrito sencillo o empujar un arado. Todo este cuento científico tiene una explicación actual. Ya verán.

Lo modernización, debe aumentar constantemente su producción para sobrevivir, lo mismo que un tiburón debe nadar constantemente para no ahogarse. A lo largo de la historia, la mayoría de la gente ha vivido en condiciones de escasez, hoy podemos que decir que tenemos sobre producción casi en todo, pero también sabemos que hay personas y países que les falta lo más elemental, agua y alimentos. En lo que si nos convertimos fue en consumidores de todo, el mayor deseo es comprar, incluso lo que no necesitamos, los psicólogos que creen saberlo todo sobre nosotros nos llaman compradores compulsivos. Y así como tenemos granos, frutas, aceites en cantidades, las comunicaciones vinieron por  avalanchas.

Vuelvo al autor citado: La felicidad como si fuera en gran parte un producto de factores materiales, como la salud, la dieta y la riqueza, nos indica que si la gente es más rica es más sana, entonces también tiene que ser feliz. Pero, ¿es esto realmente obvio? La discusión es milenaria. El ejemplo consiste como un minusválido que tiene una esposa cariñosa, unos hijos sonrientes, un salario que alcanza para su casa con alimentos y servicios se siente feliz, mientras en la otra orilla  un potentado de riquezas, con millones en sus cuentas, no tenga la compañía de seres agradables y ni una familia que lo quiera, es el más lógico ejemplo para discutir ambas posibilidades para definir la felicidad. Ustedes seguramente si les preguntan si quieren ser el minusválido o el potentado, votarán por el segundo. Es el  sueño de todos, ser ricos, pero la idea es ser felices.

Al iniciar la semana, anunciaron que  las redes sociales, Facebook, Instagram y WhatsApp, no funcionarían por corto tiempo, las caras de preocupación de millones era visible. Una preocupación por no poder ver a sus amigos virtuales, gente que no conoce ni ha visto jamás, pero los siente suyos. De mi parte yo estaba tremendamente feliz, incluso llegué a rogar que ojalá no fuera por tres días, sino  al menos por tres años.

Mucha gente no  aprecia lo pacifica que es la era en que vivimos, ninguno de nosotros  estaba vivo hace mil años, olvidamos que el mundo solía ser más violento, el  año 2.000 las guerras causaron la muerte de 310.000 individuos y el crimen violento mató a 520.000, en total 830.000 víctimas, cada una de ellas deja un mundo destruido, familia arruinada, parientes y amigos heridos de por vida. Hoy tenemos muchas amenazas, pero es casi imposible una guerra total, la industria lo impide, el comercio se para y los consumidores desaparecen.

Tenemos si, otras entretenciones pasajeras, Guaidó, la Corte Constitucional, El Fiscal general, La JEP,  los concejales de Valledupar, el pecado de Andrés Felipe, condenado e inhabilitado por los mismos de su  partido, por lesa uribiedad, Juanita Goebertus, los políticos candidatos, los acosos de directivos a las súper muchachas futboleras, los árbitros que también quieren hombres para ellos y todos con la amenaza directa de dejarlas surgir porque ellos y ellas buscan la felicidad. Quieren ser ricos y felices.

Yo, que tengo otras entretenciones, me siento feliz, cada vez que la empresa de energía que opera en la costa anuncia restricciones por horas y días, ojalá fuera con más frecuencia, prefiero ver debajo de los arboles la gente conversando con vecinos, abuelos y compadres. En Silencio amo a esa empresa sin conocer sus dueños, como felicitaría en caso de darse que pararan las redes por un largo tiempo. Sé que será imposible, pero hay que tener fe, la esperanza es mi felicidad. Ustedes tendrán la de ustedes. Hasta, chao!