Diario del Cesar
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Diomedes Díaz :¿Una mina mal explotada?

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Diomedes Díaz, el nunca olvidado ‘Cacique de La Junta’ sigue siendo una mina de nunca acabar, una veta que fue explotada por todos en vida y aún después de muerto, este magistral ídolo del vallenato contó con el infortunio de caer en las fauces de los más indolentes depredadores.

A este campesino brotado de los más desérticos tunales de Carrizal, no solo le minaron su caudal económico sino hasta el físico, a tal punto que lo condujeron a una muerte prematura, patrocinando y acolitando una indisciplina de la que obtenían los más grandes dividendos, bastaba con treparlo a la nube de las ilusiones para desde allí descender los habilidosos paracaidistas del saqueo que se enriquecieron de las alforjas del obnubilado personaje.

Hasta la muerte lo llevaron y como él mismo predicaba, de ‘El Cacique’, solo quedó su canto y su fama, la que se prolongará por los siglos, y de la cual faltan muchos dividendos por explotar. Aún no se vislumbra, dicen los entendidos, una figura de su talla, muy a pesar del buen momento de Silvestre Dangond, otro guajiro, pero con otro perfil empresarial y de más ambición futurista.

“En río revuelto, ganancia de pescadores” ese fue el dicho que le aplicaron hasta la saciedad al hijo de Rafael María Díaz y Elvira Maestre. A ese campesino llamado Diomedes Díaz, lo matonearon hasta sus últimos días. Este artista que irrumpió a la vida artística con la vestimenta del Rey Midas, pues todo lo que tocaba lo volvía oro, nunca estuvo rodeado de personas pensantes, y jamás proyectaron su imagen más allá de la ‘Vela del Marquesote’, lo ideal era tenerlo entre chalupas y machacas (antiguos buses ordinarios), para que no se rozara con otros estratos en las cabinas preferenciales de los aviones.

Les convenía mantenerlo en esas condiciones hasta en el aspecto gastronómico, con el sofisma de que le gustaba el arroz de palito, para no sentarlo a manteles en los espacios de los vinos y la fina culinaria, y así poco a poco se adueñaron de su personalidad, la que a veces les reclamaba exigiendo su rayo de sol en esa condena absurda de la parroquialidad.

Así fueron dañando la conciencia de un hombre noble, hasta convertirlo en un autómata al que alejaron hasta de su familia, para manejar a su antojo las alforjas que su estrellato llenaba caudalosamente.

La tempestad de la fama no demoró en aliarse con los vientos tormentosos que comenzaron a desafiar su estabilidad, pero estas circunstancias en vez de alertar a los tripulantes de ese barco que amenazaba con el naufragio, lo que hicieron fue seguir timoneándolo hasta hundirlo en las profundidades de un desprestigio que lo descapitalizó en todos los sentidos.

Pero aun así permanecía incólume en el corazón de sus seguidores, a quienes regaló en sus últimos hálitos un disco de despedida con la grandeza que lo caracterizó pese a la merma de sus condiciones corporales, la que permanentemente maquillaban para seguir firmando contratos mientras el astro se apagaba en un ocaso de tarde prematura.

Todas estas verdades que el pueblo conocía se corroboraron después de su partida cuando los herederos en su afán de repartir sus bienes encontraron un arqueo fantasioso que reveló las consecuencias de la vida disipada en la que lo mantuvieron, todo ese caudal se había esfumado, con unas vertientes canalizadas a desembocaduras particulares.

Ese impacto financiero negativo fue revelador, era el cobro de sus enfermedades, los procesos jurídicos por la muerte de Doris Adriana y de los empresarios que reclamaban indemnizaciones por los constantes incumplimientos, la parálisis de actividades por su condición de prófugo y luego de penado, y la dependencia de un ejército de desocupados a su alrededor.

 

/T’o el mundo pelea si dejo una herencia
Sí dejo un tesoro no lo gozo yo
Se apodera el Diablo de aquella riqueza
Entones no voy a la gloria de Dios/

 

Esta premonitoria estrofa de la canción, ‘La Plata’, que no era de su autoría, pero que tanto la cantó, tal vez tenga el alma de ‘El Cacique’ al margen de El Edén por la intestina pelea entre herederos y particulares, de lo poquito que dejó.

Pero todos estos acontecimientos alrededor de esta fulgurante figura  no paran y siguen los guaqueros explotando ese yacimiento infinito del Midas vallenato,  toda esa película de sus pocos años que pasó por la tierra, hasta la convirtieron en novela, un seriado televisivo del que nadie supo por cuánto se negoció, pues al parecer Diomedes autorizó y recibió sus emolumentos, dicen también que él mismo narró la historia que proyectó la televisión y que dividió los conceptos a cerca de la veracidad de lo que allí se plasmó.

Diomedes Díaz nació para hacer plata y para mejorar la suerte de los demás, era tanta su aureola que hasta después de muerto rescató la sintonía del Canal que trasmitió y retrasmitió su bionovela, el que estaba en una profunda crisis de sintonía y el seriado sobre la vida de El Cacique de La Junta le subió el rating.

“Al que le van a dar le guardan” dice el refranero, nadie entiende el por qué el canal que más ‘palo’ le dio a Diomedes por sus infortunadas salidas, fue el que disfrutó de las mieles de ese éxito novelesco, cinta que fue vendida profusamente a otras latitudes del mundo.

El común televidente tal vez no dimensiona los enormes costos que representa la grabación de una producción de esa naturaleza, la que mostró los lugares exteriores exóticos de La Guajira, lo que a su vez disparó un turismo inusitado a esas áridas tierras que aún gozan de una economía naranja como se dice ahora, que le permite el modus vivendi a muchos familiares y paisanos del vocalista.

Todas esas vertientes económicas solo se las podían apostar a Diomedes tal como lo hacían los empresarios con sus espectáculos artísticos, muchos de los cuales se volvieron ricos, aunque a una minoría los quebró al final de su carrera por el incumplimiento permanente de los contratos.

Está tan asociado el nombre de Diomedes Díaz Maestre con la plata, que hasta las apuestas del llamado ‘chance’ han vedado números relacionados con sus fechas especiales o la nomenclatura de su tumba, pues varios apostadores han ‘coronado’ con estas cábalas.

Otro sector de extras y actores naturales, no solo lograron demostrar sus condiciones histriónicas, sino que, se catapultaron a la fama, como el protagonista Orlando Liñán, quien pasó de ser un modesto cantante a un asediado galán con los bolsillos atestados de dinero, suerte que sigue acompañándolo, después de ese traje que le prestó la imagen de Diomedes Díaz.

Los seguidores acérrimos de Diomedes Díaz no aprobaron todo lo que se dijo de su vida en ese programa, muchos se desencantaron de los libretos que mostraron la época oscura de su drogadicción y todo lo que cometió bajo sus efectos, y aseguran que se les fue la mano, otros por su parte, dijeron: “Dura lex, sed lex” (dura es la ley, pero es la ley).

Cinco años después de su partida, la fanaticada no ha sentido tanto el vacío en la parte musical, porque su repertorio se mantiene, incluso muy por encima de los artistas de moda. Su propia madre, ’Mamá Vila’ como la llaman cariñosamente, dice sentir a diario su presencia, es tanto así que, su casa es una romería permanente, en donde por ratos, da la sensación de estar en una ‘Torre de Babel’ ante la presencia de extranjeros de todas las lenguas que, llegan a conocer parte de ese mito, y a desentrañar de ese vientre que lo trajo al mundo, toda esa parte de la historia que muchos no conocen.

La humilde casa enclavada en el barrio San Joaquín de Valledupar, a pesar de los equipos de fotografías y cámara que la invaden a diario en una batalla de flashses en competencia por llevarse el mejor registro, contrasta con los junteros (nacidos en La Junta) contemporáneos con la progenitora del artista que llegan a tomar una taza de café debajo de un palo de mango en un patio en donde el olor a ‘frichi’,  desplaza cualquier fragancia del gourmet de los finos restaurantes del norte de Valledupar.  Mientras tanto, en la tumba de jardines del Eccehomo, las rosas y claveles sonríen como tratando de serenatear con sus aromas el entorno solemne que, El cacique comparte con el “gran” Martín Elías, y Rafael María Díaz.