Diario del Cesar
Defiende la región

Los jóvenes: nuevo país 

38

Por LUIS CARLOS VILLEGAS

Los colombianos entre 18 y 32 años son el 8% de la población y los que más cambios han vivido en la historia: modernización institucional; apertura económica; paz con las FARC; universalidad en salud y en educación primaria y secundaria; multiplicación de los cupos de educación superior y técnicos. También las decisiones de la Corte Constitucional sobre aborto y fumigación de cultivos ilícitos. Son esos jóvenes los que sienten el servicio de celular como algo inherente a su condición. Han visto naves en Marte, avanzar la igualdad de género y han podido interactuar con la inteligencia artificial de plataformas de música, fotos, redes sociales o ventas por internet. Hasta hace poco habían visto bajar la pobreza y crecer la población empleada y la clase media, llegando a niveles insospechados por sus padres. Consideran la cannabis un medicamento, el aborto y la eutanasia derechos, y el matrimonio igualitario, aceptable. Se preocupan por sus empleos, por la corrupción y por la libertad. La mitad de ellos quiere tener una mascota y, menos del 40%, un hijo.

Así lo afirma una encuesta de la U. del Rosario, herramienta útil para reperfilar la nación en que vivimos; un instrumento valioso de análisis de la política y de la economía. En materia política, uno de cada tres jóvenes dice no tener una posición ideológica. Los que la tienen, se localizan en el centro más o menos 40%; en la izquierda el 20%; y en la derecha el 15 %. Primer mensaje a los candidatos: nuestros jóvenes están en el centro, pero un centro propositivo sobre los asuntos claves: un trabajo digno, estabilidad, ausencia de corrupción, medio ambiente respetado y libertad reproductiva, vital y lúdica.

Ocho de cada diez muchachos no sienten ningún vínculo étnico especial: son solo colombianos, rasgo de solidez nacional que a veces despreciamos. Domina en sus corazones la alegría, 66%, por encima del miedo, la sorpresa o la tristeza; otra virtud nacional. Los alegran nuestros deportistas y la familia. Los amedrentan la inseguridad y los grupos armados. Los entristece la desigualdad y la violencia. Relacionan con la ira y el desagrado al gobierno, a algún expresidente ya no tan cercano al mismo y a algún candidato de la izquierda.

Los sorprende el cambio positivo de Colombia en este siglo. Víctimas anímicas de la pandemia, creen que su situación ha empeorado en el último año: casi 60% siente que se ha deteriorado la seguridad; casi 50%, la economía y el empleo,; y su tranquilidad emocional y su salud las sienten deterioradas cinco de cada diez encuestados. Los indigna el machismo y el conformismo. Están dispuestos a hacer trabajos de voluntariado y a asociarse para defender a los animales, 8 de cada 10. También la mitad quisiera protestar y un tercio meterse en política, porcentaje definitivamente alto; y muy pocos quisieran pagar más impuestos o aportar más para su pensión de vejez.

Confían mayoritariamente en las universidades privadas y públicas; la mitad cree en las Fuerzas Militares; y 2 de cada 5 en la iglesia católica; desconfían mayoritariamente del Congreso, de los jueces y de la Presidencia; 7 de cada diez prefieren el diálogo directo entre personas y, a pesar de querer protestar y de haber participado el 40% en manifestaciones, cacerolazos o redes sociales, solo el 2% cree que la protesta sea el camino para resolver problemas.

La encuesta, confirmando otras, nos dice que entre la juventud las instituciones públicas y los líderes políticos y religiosos tienen problemas serios de credibilidad. Deben entonces debatirse los verdaderos intereses de esos colombianos jóvenes en edad de votar. Dar salidas a los temas juveniles actuales es la mejor fórmula para reclutar defensores futuros de una democracia que ha producido beneficios incontables, sí, pero que no es defendida sucesivamente por sus líderes. En dos generaciones casi han logrado convencerlos de que lo malo nos antecede y lo bueno se hará en 48 meses.

Exministro de Defensa.