Diario del Cesar
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La reforma a la salud, el otro entuerto 

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Dentro de las muchas lecciones aprendidas que está dejando la pandemia del covid-19 en Colombia una de las más contundentes es, sin duda, la urgente necesidad de reformar el sistema de atención y aseguramiento en salud, ya que la dimensión de la emergencia no solo agravó las ya conocidas falencias estructurales en los distintos actores, sino que evidenció que no existe la capacidad para afrontar crisis sanitarias de este tipo, las mismas que al tenor de las autoridades globales y nacionales serán cada vez más recurrentes.

Sin embargo, impulsar una reforma al sistema de salud en nuestro país no es tarea fácil. De hecho, en las últimas dos décadas cada gobierno de turno trató de aplicar una reingeniería, fracasando en la mayoría de los casos. Aunque se alcanzaron a aprobar algunas modificaciones, no pocas de ellas muy aisladas y hasta inconexas, lo que dio origen a la conocida tesis de que la legislación sectorial es una ‘colcha de retazos’, lo cierto es que el logro más importante en los últimos años fue el de elevar la salud a derecho a fundamental, mediante una ley estatutaria de 2015. En segundo lugar se ubica la norma que le dio más dientes a la Superintendencia del ramo para intervenir EPS y hospitales deficientes, aumentando su capacidad sancionatoria. Y, de forma más reciente, está el llamado esquema de “Punto Final”, que busca clarificar y sanear deudas al interior del sistema, lo que ha demandado una inversión billonaria de recursos públicos, más aún en medio de la emergencia por el coronavirus.

En el actual gobierno también se dice que una de las grandes reformas pendientes es la del sistema de salud, pero la idea no ha podido aterrizarse, tampoco en el Parlamento. El partido Cambio Radical, por ejemplo, ha sido principal impulsor de varios proyectos de ajuste integral, pero no han progresado pese a tener incluso el apoyo de la Casa de Nariño. Es más, hace poco más de un mes, con el apoyo de la mencionada colectividad y de otras bancadas, se volvió a presentar una iniciativa cuyo objetivo es actualizar el esquema de atención y aseguramiento, con el foco puesto no solo en poner a tono todo el aparato público y privado con las exigencias de la emergencia sanitaria, sino en corregir las problemáticas ya sobrediagnosticadas, como las deficiencias en el servicio, la desfinanciación de las Empresas Promotoras de Salud (EPS) e Instituciones Prestadoras de Salud (IPS), las falencias en materia de medicina preventiva, las fallas en los planes de cobertura, la eterna ‘tutelitis’, retrasos salariales, quiebras hospitalarias, las demoras en el suministro de medicamentos y aprobación de tratamientos, el confuso marco de las exclusiones y procedimientos estéticos

Según lo explicó el titular del Ministerio de Salud, uno de los elementos claves de la iniciativa, a la que incluso se le acompañó con un mensaje de urgencia para acelerar su trámite en las comisiones séptimas de Senado y Cámara, es el enfoque integral de la reforma para lograr una verdadera transformación del sistema, sobre todo en instancias como las de indicadores de calidad en la atención, promoción de medicina familiar, oportunidad de diagnóstico y tratamiento, conformación de redes integradas de servicios, redimensionamiento de la visión del hospital público, gestión integral del riesgo, administración de recursos financieros y talento humano. En el tema específico de las lecciones aprendidas de la pandemia, se plantean cambios dirigidos a implementar el concepto de política de seguridad sanitaria, con asuntos vitales como consolidar proyectos público-privados para fabricación de vacunas y medicamentos esenciales.

Obviamente, y lo que evidencia que no se trata de una reforma de bajo alcance, las EPS, IPS y demás actores del sistema han prendido alertas sobre las implicaciones del extenso articulado. Las audiencias realizadas en las comisiones séptimas conjuntas dejan ver múltiples posturas en torno a la modificación en el rol de las EPS, la efectividad de los mecanismos para aumentar la calidad del servicio así como la viabilidad financiera del modelo planteado, en términos de equidad, equilibrio y progresividad.

Hoy se retomará en las citadas comisiones el debate. Ya se votaron impedimentos, se descartó el archivo a priori de la iniciativa y están para discusión las respectivas ponencias negativa y positiva.

Es imperativo el avance de esta reforma, porque es la ley marco de otro alud de proyectos ya en trámite, como los de cáncer de mama, lactancia materna, entornos alimentarios saludables, duelo gestacional y neonatal, más derechos sanitarios a las mujeres o incluso los relacionados con la vacunación anticovid o la formulación de una nueva política farmacéutica, entre otros.

Lo importante es que el debate avance de forma profunda y objetiva. El sistema de salud requiere una urgente modernización y este proyecto es la mejor oportunidad para hacerlo. Las fallas están sobrediagnosticadas y se necesitan soluciones efectivas.