Diario del Cesar
Defiende la región

Ojalá y se haya tomado consciencia 

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Santa Marta y la mayoría de los municipios del Magdalena vivieron un confinamiento total durante el fin de semana. Venimos con esas restricciones desde hace ya algún rato ante la tragedia que nos golpea y que cada día cobra más víctimas.  Colombia tiene ya más de 67.500 muertos por covid-19. Este dato está aún lejos de ser aquel que será consignado en la historia como el costo que este país pagó como consecuencia de la pandemia. Sin embargo, este número que alberga la colectividad de fallecidos en realidad está compuesto por la historia única de vida de personas que debemos reconocer, recordar y celebrar como individuos. Al final, la cifra, fría y abstracta, es en realidad un testimonio doloroso e imponente que narra más de 67.500 proyectos truncados y un número aún mayor de duelos que se esfuerzan por dar sentido a lo anormal que es desgarrar masivamente el ciclo de la vida para una generación.

Pese a la dura realidad, siguen los comportamientos individuales de algunos colectivos sociales que se resisten en acatar las normas sanitarias y contribuyen a la propagación del mortal virus, el cual, de acuerdo con los científicos, está muy lejos de ser erradicado de la humanidad.

Las muertes, masivas, difíciles de vivir y explicar, se han ido sumando una a una, resultando en decenas, centenas y miles de víctimas que merecen ser honradas por los sobrevivientes que tienen todavía en sus manos la posibilidad de evitar contagios, aplanar la curva, vacunarse y alcanzar el efecto de inmunidad de rebaño.

Entonces quizás la mejor contraparte al covid se llama responsabilidad. Y eso es lo que nos está haciendo falta. No olvidemos que el bienestar colectivo depende del compromiso individual. Hoy dolorosamente la ciudad, la región y el país tienen unas personas e instituciones encargadas de manera estructurada de guiar y atender las distintas necesidades de la ciudadanía en temas de salud pública y crisis de acuerdo con su conocimiento y experiencia, y se requiere confianza ciudadana y empatía hacia ellas y su quehacer frente a esta inhóspita realidad mientras continúan trabajando por un objetivo común: salvar vidas.

Recordemos que una vacuna es una carrera contra el reloj, todas ellas –nos dicen los científicos– representan evitar la enfermedad, entrenar el cuerpo para resistir en caso de contagio, descartar síntomas severos y, en todos los casos, no llegar a la muerte. La no vacuna, que siempre es una posibilidad, no solo pone en riesgo de quien toma esta decisión, también arriesga la conquista del efecto rebaño haciendo más difícil cerrar este capítulo de la historia de la humanidad. Mientras tanto, la tardanza en el proceso de vacunación le sirve al virus para aprender y mutar, es decir, fortalecerse.

Así que esperamos que estos días de confinamiento haya hecho tomar consciencia de que es el momento de enfrentar con decisión a un mal que nos está haciendo mucho daño.