Diario del Cesar
Defiende la región

Un llamado por la vida 

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La pandemia de coronavirus es una tragedia para la humanidad. Ha golpeado a las sociedades en los distintos puntos del planeta. En Colombia ya nos acercamos a la dolorosa cifra de las 68 mil personas fallecidas. En el Magdalena estamos por llegar a los dos mil decesos. Cada día, a cada momento, amanecemos y nos enteramos con la muerte de una persona conocida, de un ser querido, o de un ciudadano más.

Para nuestra región llegó de nuevo lo que se esperaba a partir del incremento de contagios por Covid-19: el tercer pico que está siendo muy mortífero, lo que motivo a que las autoridades decretaran un confinamiento total el próximo fin de semana.

Las cifras son contundentes y la ocupación del 90% de las camas en las Unidades de Cuidados Intensivos evidencia que estamos pasando por momentos difíciles. Todo ello demuestra una tendencia demasiado preocupante, que no puede mitigarse con la vacunación que avanza de manera efectiva aunque no con la velocidad que muchos esperan, confiados tal vez en que con ella se hubiera podido detener la oleada de la pandemia.

Y en Santa Marta  se ha sentido con mayor rudeza la llegada de lo que se denomina la tercera ola, aumentada por la falta de colaboración ciudadana. Gente irresponsable que sigue haciendo las llamadas covifiestas, los patios rumberos y la tomadera de cervezas y licor en las esquinas, amén de las aglomeraciones en algunos comercios. Ello representa un riesgo alto de aumento en la transmisión del coronavirus lo cual demandan respuestas inmediatas para proteger la salud de la sociedad samaria amenazada además por tantos comportamientos inapropiados de quienes decidieron arriesgarse a salir en Semana Santa, como si la contingencia hubiera quedado atrás.

En Santa Marta la Alcaldía decretó  la confinación entre las seis dela tarde de ayer viernes y las cinco de la mañana del próximo lunes, incluida la ley seca con aislamiento social total y la prohibición de expendio de licores.

Así se regresa a las medidas drásticas para enfrentar la amenaza que muchos no parecen comprender a pesar de los estragos que en la región ha dejado a las familias Son cifras estremecedoras que deberían haber enseñado la necesidad de aplicar las medidas simples pero necesarias para enfrentar el peligro de la pandemia.

Y el riesgo de que se expandan esas restricciones es evidente mientras el coronavirus siga causando los estragos que obligaron a ellas, con el consecuente impacto a la actividad social y a la urgencia de recuperar la economía que genera ingresos para millones de familias. Lo cual tampoco se soluciona convocando a paros y movilizaciones contra medidas que son inevitables.

De nuevo, hay que recordar que el problema no lo solucionan solo las autoridades o las vacunas. Y que mientras cada uno de nosotros no asuma la responsabilidad que le corresponde para detener el contagio y la tragedia, el aumento del desempleo y la pobreza seguirán pendiendo sobre nuestra Nación.