Diario del Cesar
Defiende la región

Una decisión que no da espera

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Esta semana copó la atención del país la audiencia celebrada por la Corte Constitucional alrededor de la conveniencia o no de volver a las aspersiones con glifosato para combatir los cultivos ilícitos en Colombia.

Primero que todo hagamos claridad en lo siguiente: El Estado venía realizando estas fumigaciones con eficacia y contundencia hasta cuando se negoció por debajo de la mesa en La Habana que dichas aspersiones no iban más como requerimiento esencial de las Farc para avanzar en el proceso de paz. Sabido es que el narcotráfico es una de las principales fuentes de financiación del terrorismo contra el Estado y la sociedad y la entonces guerrilla no podía permitir que le desactivaran una de sus venas económicas.

En el país todavía  retumba aquella frase del entonces procurador Ordoñez cuando sentenció tras la determinación de no fumigar mas con glifosato, que ´Colombia nadará en un mar de coca´, como efectivamente terminó siéndolo.

El Presidente Iván Duque en la audiencia pública en la Corte Constitucional defendió con contundencia la posición del Gobierno y vale la pena rescatar algunas de sus apreciaciones: “La verdadera discusión es sobre la amenaza y los riesgos que enfrenta hoy nuestro país por cuenta del crecimiento vertiginoso, en los últimos años, de los cultivos ilícitos, y las consecuencias que esto trae para el orden público, la seguridad nacional, la protección y el tutelaje de los derechos fundamentales de los colombianos”. Y luego remató diciendo: “No nos digamos mentiras: desde el año 2013 al primero de agosto del año 2018, el país tuvo el más rápido crecimiento de su historia en cultivos ilícitos. Prácticamente se quintuplicaron los cultivos ilícitos en el país. El ritmo de crecimiento en ese periodo fue del orden del 64 por ciento por año. Quiere decir esta cifra que esa situación exponencial de crecimiento de los cultivos amenaza seriamente el orden público e inclusive el orden constitucional en las zonas donde se ha presentado esa expansión´.

El llamado que hoy se le hace a la que en su oportunidad se le llamó la Corte ´bacana´ es que haya una modulación de la sentencia, una modulación que considere las graves afectaciones señaladas por el Presidente, una modulación que entienda que esta expansión de los cultivos realmente hace un daño tremendo al orden constitucional, al orden legal, al medio ambiente, a la seguridad territorial y a la protección de los derechos fundamentales.

A los señores magistrado de la Corte ´bacana´ non se les debe olvidar que debe existir diálogo fraterno y de cooperación armónica entre los poderes públicos. Pero además, se debe dejar en claro que el debate no se centra en un herbicida, sino en la disponibilidad de todas las herramientas posibles, bien utilizadas, teniendo un estricto apego a la prevención, a la precaución, pero solicitando, de manera clara, que las herramientas deben estar a disposición. Por lo tanto,  no se pueden limitar las herramientas. Limitar el uso de las herramientas ante este fenómeno, ante esta amenaza, puede afectar la capacidad misma del Estado de proteger la integridad territorial y los derechos de millones de colombianos, derechos a los que el alto tribunal está obligado también a proteger.

Pero la Corte ´bacana´ que se proclamó también defensora del medio ambiente, no puede pasar por alto que el 24 por ciento de la deforestación que ocurre en Colombia la están originando los cultivos ilícitos. La dinámica histórica de deforestación, que es lamentable para un país que ha perdido cerca de 200.000 hectáreas por año en las últimas décadas, se ha acelerado por el aumento vertiginoso de los cultivos ilícitos. Y, además, tenemos casi 3.5 toneladas por hectárea derramadas, de químicos que producen afectación ambiental. Pero hay algo todavía más escabroso. En los últimos años se ha visto ya presencia en el 30 por ciento de los Parques Nacionales de Colombia, de los cultivos ilícitos.

Tenemos pues razones de peso como para que el país regrese a combatir con dureza y firmeza una de las fuentes primigenias de la máquina de guerra: el narcotráfico y toda su cadena productiva.