Diario del Cesar
Defiende la región

La dura batalla de las  mujeres en el vallenato 

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Una lucha por años ha venido dando la mujer en aras de lograr posición en el mercado vallenato. Lo que comenzó como unas quijotescas aventuras, ya tienen sus damas de hierro dispuestas a derrotar los ‘molinos’ de la indiferencia.

En marzo, la mujer, también es protagonista, a raíz de la conmemoración que se hace todos los 8 de este mes, del acontecimiento aquel en el que murieron las 123 jóvenes trabajadoras y 23 trabajadores, la mayoría inmigrantes, en el trágico Incendio en una  fábrica de Nueva York.

Emulando este episodio, se puede decir que son muchos los frentes de lucha que las féminas, aún deben enfrentar por su reconocimiento, incluyendo hasta sus inclinaciones artísticas, las que a veces son controladas por el género contrario.

A propósito de este tema, a nivel local en Valledupar, el arte musical de la ejecución y canto del vallenato, ha sido dominado por el hombre, por eso les ha tocado un compendio de luchas por salir adelante, por lo tabúes que se ciernen sobre el machismo y las parrandas que son aditamentos de ese género musical, sin embargo, algunas con esfuerzos han logrado figurar.

Desde el mismo liderazgo de Consuelo Araújo Noguera por posicionar el ritmo hasta el arrojo de las ejecutoras por asomar sus intenciones, se puede considerar como una gesta que les ha dado lucha, pero que igualmente, se ha manifestado el lustre a algunas artistas que han servido de canal para que otras lo intenten.

Frabry Meriño, una talentosa acordeonera del vallenato, fue de las primeras que se terció el acordeón, para dar la batalla en los festivales y actuaciones, infortunadamente murió muy joven en un accidente de tránsito,  pero su intento sirvió para que hoy las mujeres, incluso tengan sus propios eventos y agrupaciones femeninas.

En ese tránsito por los caminos de la reivindicación se pueden mencionar sonoros nombres como Cecilia Meza y Rita Fernández, fundadoras del recordado grupo de La Universitarias, las que alcanzaron ribetes de popularidad en el agitado medio varonil de los vallenatos.

A medida que el vallenato se fue saliendo de los entramados parroquiales, se le fue dando apertura a las mujeres, las que con más equidad se fueron asomando a las parrandas y se fueron impregnando de melodías y notas hasta conformar grupos competitivos como lo llegaron hacer Las Chicas del Vallenato con Madeline Bolaños, nieta del maestro Chico Bolaños.

La más deslumbrante aparición ya a nivel comercial fue con  Las Musas del Vallenato’, razón social con la que se dieron a conocer Patricia Teherán y ‘Chela’ Ceballos, un dúo que sorprendió a los ortodoxos con sus notas y su canto, conquistando un grueso público, que las posicionó en el ámbito folclórico, e incluso se dice que, nadie ha podido superar a Patricia, cuyas canciones siguen en el Olimpo programable de las emisoras.

 

TROPA VALLENATA

El ejército femenino también ha tenido unidades de pulso y garganta firme, por lo que no se puede desconocer el trabajo de luchadoras como: Mayra Argüelles, Jady Muegues, María José Ospino, Maribel Cortina, Anny Puello, Margarita Doria, Esthela Durán, Gladis Brochero, Eliana Gnecco, Lucy Vidal y ahora, las exitosas: Ana del Castillo y Karen Lizarazo, pasando por un número considerable de acordeoneras que, hoy son atractivos en los festivales vallenatos.

En esta etapa evolutiva de las damas, ha sido tan certero su avance que acaba el Festival Vallenato, de crear la categoría de acordeoneras profesionales para que entre ellas, se dé una eliminatoria más equitativa, comparando la desventaja que físicamente tenían frente a de los hombres.

En ese estadio, ya hay nombres que roban aplausos en los festivales tanto como acordeoneras y compositoras: Hortencia Lanao, Antonia Daza, Emilia Daza, Martha Guerra, Carolina Celedón, Jeimy Arrieta, María Silene Ovalle, Mafe García, Nataly Patiño, e Isabel Picón, entre otras

Así las cosas, de seguir el impulso de las damas del arte, muy pronto Valledupar y otros festivales tendrán su reina vallenata y un conjunto de primera clase, jardeando, con alegría, un ¡juepa jé!