Diario del Cesar
Defiende la región

Contra los cultivos ilícitos un solo camino: glifosato

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Hace cinco años, el entonces procurador general de la Nación Alejandro Ordóñez Maldonado lanzó una frase lapidaria que el tiempo terminó dándole de manera absoluta e incontrovertible la razón: ´Colombia nadará en un mar de coca´. Y lo hizo para advertirnos a los colombianos que no aceptáramos lo que por debajo de la mesa se negociaba en La Habana con las Farc: la suspensión de la persecución de los cultivos ilícitos en las zonas de producción, la cual quedaría posteriormente refrendada por la Corte ´bacana´, la misma que aprobó la dosis mínima y que tanto daño le ha causado a la niñez y adolescencia en este país.

Pues bien. Ahí tienen los resultados. Desde hace cuatro años para acá Colombia no ha podido contener lo incontenible: el aumento de los cultivos de coca, amapola y marihuana por carecer de medios eficaces y efectivos que contrarresten esa criminal actividad que non tiene otro nombre ni denominación: es un negocio criminal que provoca muerte; así ciertos adictos y padrinos de esa otra forma de financiar al terrorismo lo quieran demostrar.

No olvidemos que fue el Gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos quien con todo su poder influyó en el  Consejo Nacional de Estupefacientes de Colombia para que diera un giro de 180 grados en la lucha contra el narcotráfico en el país al calificar al glifosato como “probable cancerígeno” lo que llevó al Ministro de Salud de la época Alejandro Gaviria a recomendar la suspensión de las aspersiones aéreas con el pesticida, lo fue ratificado por el citado Consejo, para así cumplir la palabra empeñada por el gobierno Santos en la mesa de negociaciones de Cuba.

Recordemos que como parte del llamado Plan Colombia contra el narcotráfico, dentro de un acuerdo bilateral con Estados Unidos, se venía fumigando las plantaciones de coca con el citado herbicida desde hace más de una década, especialmente en zonas de difícil acceso. Y con resultados contundentes. Las Farc y todo su eslabón productor sabían que ese era el único remedio que no había podido enfrentar: el glifosato. Para frenar su uso se han acudido a diversos estudios e investigaciones que de acuerdo con la óptica con la que se mire y se analice, van acomodando sus efectos.

Pero recordemos que el glifosato no solo en la lucha antidroga: el glifosato es el herbicida más usado a nivel mundial, también en agricultura y en jardinería, pero esos resultados eficaces poco aspecto efectista tiene, porque es más rentable estar al lado del porro.

Ayer la Corte Constitucional fue escenario de un interesante debate donde ojalá y sus honorables magistrados de manera razonable y ponderada, evalúen con certeza que el país no está para seguir soportando ser el principal productor mundial de cocaína, como ya no los dijo la oficina encargada de combatir los cultivos de las Naciones Unidas. Tampoco podemos continuar siendo cómplices o hacernos los de la vista gorda para que los cultivos se multipliquen. No se puede cohonestar con el crimen.

El dilema no es envenenar a los campesinos, es que ellos están envenenando a la sociedad cultivando lo prohibido, lo ilegal, y formando parte de una cadena de un negocio criminal.

De tal manera que conocida es la posición ´bacana´ de una Corte que en ese sentido no ha enviado buenas señales a la sociedad. Este gobierno que mantiene con firmeza su propósito de combatir el narcotráfico  en todo su contexto, bien puede acudir a la figura de la política pública de integralidad para atacar el lucrativo negocio, y en ese propósito todos los mecanismos que se empleen, no solo son necesarios, sino eficaces. Para los cultivos ilegales como el glifosato, no hay otro. Ese es el camino