Diario del Cesar
Defiende la región

La realidad de la nueva emergencia 

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Ante el incremento del contagio y la saturación que padecen los servicios de Cuidados Intensivos en las principales ciudades del país para atender los casos más graves de coronavirus, el Gobierno nacional decretó la ampliación del aislamiento selectivo y otras medidas más para romper la propagación del coronavirus.

Es claro que la situación no es exclusiva de Colombia y corresponde a un rebrote en gran parte del mundo. Pero no es menos cierto que a ello ha contribuido y de manera importante el relajamiento en las medidas de control que venían aplicando las autoridades locales, además del comportamiento poco recomendado de los habitantes lo que demuestra a las claras que no existe conciencia sobre la permanencia y la gravedad de la pandemia, tanto como su letalidad.

Al parecer, se estaba olvidando que el Covid-19 es transmitido solo por los seres humanos, y que de ellos depende su control o su expansión. Además, que si bien el 85% de los contagiados no desarrollan síntomas, por eso mismo se convierten en los transmisores más efectivos, empezando por los niños y jóvenes y terminando en los adultos y las personas de edad avanzada, los que más aportan a la estadística de muertes.

Por ello, y mientras llega la vacuna, el antídoto es cubrirse con tapabocas, mantener distancia prudente y el aseo, son conductas sencillas que sin embargo parecen ser olvidadas y en muchos casos despreciadas por quienes no presentan síntomas, o por quienes creen en las informaciones mentirosas que se difunden en las redes sociales. A lo cual ayuda el mensaje de los gobernantes que tratan de hacer un equilibrio, explicable por demás, entre la emergencia y la necesidad de recuperar la actividad económica y social.

Esas equivocaciones pasan su cuenta de cobro, como se está viendo en muchas ciudades de Colombia donde las UCI están saturadas, varias decenas de pacientes deben hacer cola para tener acceso a ese servicio no obstante su gravedad, y la incertidumbre aparece entre las principales preocupaciones de las comunidades.

En Santa Marta, la Alcaldía recurrió a un drástico toque de queda para que la gente aprenda lo cual producirá un traumatismo que a su vez ha desencadenado la protesta de los sectores económicos afectados por la medida.

Sin duda, el toque de queda decretado no solucionará la crisis pero sí será útil para reducir el contagio y la congestión del servicio de salud en las próximas semanas. Y debe quedar claro de nuevo que son las vías persuasivas y el constante trabajo con las comunidades el camino efectivo para cambiar el comportamiento de quienes son los únicos transmisores del virus.

Santa Marta y el Magdalena y sus autoridades, tienen un gran desafío al cual debe responderse usando la experiencia de los últimos diez meses y hasta tanto llegue la vacuna y produzca el efecto que se espera: en el compromiso de cada persona y en la actitud de las autoridades para cambiar el comportamiento social están las claves para evitar que el toque de queda siga siendo el recurso desesperado para detener el contagio.