Diario del Cesar
Defiende la región

El llanto de la Sierra Nevada cuando arde y la destruyen

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José María Arroyo, cabildo gobernador de la etnia Arhuaca, toma una bocanada de aire antes de opinar. Se le ve en el rostro el dolor que siente. Le cuesta entender cómo la tierra que les ha dado todo, quedó convertida en ruinas, quedó convertida en la nada misma.

   Y es que la tristeza se siente en la Sierra Nevada de Santa Marta. Los días son distintos desde que un puñado de incendios forestales arrasó no solo con viviendas, también con instituciones educativas y demás estructuras, pero sobre todo, con tantos años de historia y costumbres de los hermanos mayores.

Nadie más que Arroyo para saberlo. Está, triste, compungido. Se encuentra con las demás autoridades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta en una convención realizada en el resguardo de Simanorwa,  un espacio natural ubicado a 20 minutos de Pueblo Bello, de carreteras intransitables, pero de árboles frondosos y de ríos que bañan el lugar, haciéndolo mágico y virgen.

“Es un dolor muy grande,  nunca había pasado en esas situaciones”, explica el cabildo gobernador mientras define el cronograma a emplear para iniciar el proceso de reparación en la Sierra Nevada.

Arroyo admite que la culpa también ha sido de ellos. Con algo de naturalidad describe que es una situación cotidiana, la de hacer actividades con fuego, solo que como en este caso, las cosas no salen bien, mucho menos cuando el verano ha sido intenso y las brisas son el pan de cada día.

“De tanto verano, se queman algunas cositas por ahí y ahí es que se va la candela, sobre los bosques, cultivos, puestos de salud”, detalla.

La situación se repite con frecuencia en todos los resguardos o cabildos. Silvestre Gil Zalabata, Delegado pueblo Kogui, admite que en su entorno también se ve esta práctica dado que se da en medio del trabajo cotidiano.

“En esa parte cuando está en su parcela, se pone la fogata para que la plaga se pueda ir, entonces con la fuerte brisa, se la lleva. Antes no se había visto eso, pero últimamente está pasando, igual sé que esos bosques nativos se van a recuperar”, dice Zalabata.

Sin embargo, su dejo de optimismo, no quita que la situación es crítica y que ya se cuentan por miles las hectáreas afectadas en el departamento del Cesar.

“El incendio afectó la fauna y flora, las semillas, los elementos sagrados”, dice.

“Este verano se ha hecho fuerte, con brisas, lo que también pone en riesgo los espacios. Actualmente no hay tantos riesgos, pero en el pueblo Kogui se quemaron casas, dejó sin nada a las familias, sin utensilios, hamacas, recursos y otros elementos,  se necesita un apoyo inmediato”, dice Zalabata.

NO TIENE PRECIO

El último en llegar a la reunión es el cabildo gobernador del pueblo Kankuamo, Jaime Arias.

“Llego tarde porque estábamos resolviendo las protestas de algunos hermanos kankuamos entre Patillal y Atánquez”, explica.

Arias, en medio de la resistencia que genera en algún sector de su etnia, sabe que son tiempos para generar unión, sobre todo después de lo maltrecha que quedó la Sierra Nevada de Santa Marta.

“Son pérdidas incalculables porque además de los asentamientos que se han incinerados totalmente, tenemos más de 1.100 hectáreas consumidas por el fuego, pero además de eso las fuentes de agua con afectación y los espacios sagrados de gobierno que mantienen el orden espiritual y cultural del territorio de acuerdo a nuestra cosmovisión”, dice.

Para los indígenas, el dinero no es lo más importante porque la prioridad para ellos es recuperar la estabilidad con la madre naturaleza.

 “Es difícil recuperarlo porque eso tiene un equilibrio natural, a nosotros ahora nos toca verificar el terreno, todas esas afectaciones y eso nos toca cumplir los rituales, la ceremonia para lograr algo de tranquilidad. Las ayudas son importantes por la situación de emergencia para lograr por lo menos que la población que quedó sin nada, sin vivienda y se han destruido los cultivos, pueda subsistir, pero esto debe ser una intervención a mediano y largo plazo para lograr recuperar todo”, explica Arias.

A DOS BANDAS

El dolor se siente en Simanorwa y se replica en Valledupar, ciudad en la que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, el Ministerio de Ambiente y la Oficina de Gestión del Riesgo y Cambio Climático del departamento del Cesar trabajan a dos manos.

Una vez identificado el problema se procede al proceso de intervención pero en este caso, al ser un resguardo, se hace con mucho tacto y respetando el debido proceso señalado por las comunidades indígenas.

“La conclusión es que el Ministro de Ambiente envió a la directora del IDEAM al Puesto de Mando Unificado y la información que nos da es que las condiciones secas van a persistir, las precipitaciones van a estar por debajo del promedio, es decir que va a llover menos de lo que generalmente llueve en el mes de marzo”, dice la jefa de la Oficina de Gestión del Riesgo y Cambio Climático del departamento del Cesar, María José Páez.

En medio de tantas noticias negativas, tal vez la única que trae algún aire de paz es que este sábado se dio inicio al proceso de entrega de ayudas técnicas enviadas desde Bogotá, sin embargo el mensaje es que no se puede bajar la guardia.

 “Hacemos un llamado de atención a estar pendiente y alerta sobre la presencia de incendios forestales. Y queremos hacer un llamado a la comunidad nuevamente que para esta época está prohibido quemar por cualquier motivo. Estamos activados todas las instituciones del consejo  departamental de gestión del riesgo y del subcomité de manejo”, explica Páez, antes de sostener que “estamos atendiendo los últimos incendios en el departamento, ya la situación se encuentra estabilizada”.

Julio Suárez Luna, director de Corpocesar, sostiene que “nuestra fauna pide auxilio, nuestra flora se consume, las comunidades se afectan socialmente, estamos trabajando de manera articulada todas las instituciones que tenemos que ver con el tema para sofocar estos incendios y mirar cómo le podemos llegar a la población”.

LAS AYUDAS

El proceso de entrega se ha venido cumpliendo tal como lo pactó en Valledupar el Director  de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, Eduardo González.

En total se entregaron 15.4 toneladas de ayudas humanitarias a poblaciones indígenas afectadas por incendios forestales en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Las cajas contienen 600 paquetes de ayudas alimentarias, 600 de kits de aseo, 1.200 frazadas  y 100 carpas para ser entregadas de manera inmediata a los  damnificados por los incendios forestales en  la Sierra

Arukin Torres, líder indígena recibió las ayudas provenientes del nivel central y agradeció el apoyo de las autoridades del orden departamental y local, que hicieron posible esta entrega, “Es de mucha ayuda para nosotros en este momento tan difícil que estamos viviendo en la  Sierra Nevada de Santa Marta. Ya estamos priorizando a las familias que lo perdieron todo y de esta manera  garantizar la reconstrucción de un pueblo que quedó en cenizas”.

Durante el Consejo Departamental de Gestión del Riesgo, presidido por el Director Nacional, Eduardo González, se informó que estos incendios forestales en la Sierra Nevada de Santa Marta ocasionaron la destrucción de  53 viviendas,  falta de agua, 250 niños y 600 personas afectadas y  70 estudiantes sin escuelas ni restaurantes escolares.