Diario del Cesar
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Nicolás Bolaño: el compositor que impactó a García Márquez

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Villanuevero de cepa, de inspiración fértil como las laderas del cerro ‘pintao’ de su tierra, así es Nicolás Bolaños Calderón, uno de últimos baquianos que queda guiando el vallenato por las sendas de la pureza.

“La esencia de un espléndido romance

Se fue desvaneciendo lentamente

La gracia de un amor que fue tan grande

Y hoy sólo es una historia simplemente

Historia que escribieron dos amantes

Como un sueño palpitante de ilusión y de placeres

Un sueño que después de realizarse

Tuvo un triste desenlace por motivos diferentes”

Estos versos reflejan no solo la capacidad y la métrica de un juglar del folclor vallenato, sino la pureza del sentimiento del galán a quien le arrebataron la prometida, quien, tras una profunda tristeza, logró hacer estos versos en una canción de alto contenido amoroso, la que a la postre ayudó a catapultarlo a la fama como compositor de música vallenata, aunque su corazón siguiera sangrando por ese amor, al que no lo superó nadie.

‘Triste desenlace’ se llama esta obra cuyo autor es Nicolás Bolaños Calderón, uno de esos autores silvestres que nació en la hondonada del empirismo, alimentando la musa de los aconteceres naturales de su pueblo Villanueva, La Guajira, en donde el paisaje de la Sierra y el olor de los frutales, despertaron la poesía que dormía en su genética, la misma de ‘Chico’ Bolaños, aquel sempiterno digitador guajiro que no quiso vulnerar sus rupestres condiciones artísticas frente a la tecnología, y que murió sin dejar rastro alguno de todas esa habilidad que lo hacía respetable en todo el viejo Magdalena.

Nicolás Bolaño estaba tan matriculado en su entorno provinciano que su primera canción la hizo en honor a las aves, la que tituló: ‘Los Canaritos’ que fue grabada por Ismael Rudas, tema al que le perdió el rastro físico, pues nunca ha logrado ubicarla ni en emisoras ni en disco tiendas, y solo recuerda parte de su letra.

 

“Vi canarios volando en el cielo

Vi canarios que revoleteaban

Y en su necio y extremado vuelo

Formaron tu nombre que el sol relumbraba”

‘EL TURCO’ LO DESCUBRIÓ

El primero que le dio la mano para asomarse a la ventana de la fama fue su paisano Andrés ‘El Turco Gil’, quien ya a comienzo de los años 60 se vislumbraba como el acordeonero del futuro, incluso los comentaristas de la radio de la época decían que ‘El Turco’ estaba avanzado 100 años por encima de los demás acordeoneros.

Después de este tema, Nicolás ‘espueleó’ sus bríos autorales y se animó a inmiscuirse más en el mágico mundo de las parrandas y comenzó un trajinar que volvió sonoro su nombre como un prospecto del arte de componer.

Después de esa primera aparición, el tema sonó tanto que, incluso fue utilizado de fondo en una publicidad política. Fue tanto el impacto que la segunda canción se la grabaron los hermanos Zuleta: ‘Protesta Parrandera’.

Para que este hecho se cristalizara se necesitó de un periplo que casi lo deja por fuera de esa grabación, pues ya por sus andanzas detrás de los artistas se había ido para Santa Marta con Ismael Rudas, mientras ‘Poncho’ y Emiliano’ lo buscaban como ‘aguja en un pajal’ para que les diera el tema que, se lo habían escuchado a ‘Ponchito’ Cotes, uno de los buenos parranderos de Villanueva.

Después de ubicarlo, autorizó a Cotes, para que se los entregara, quien a escondidas tomó prestada una grabadora de su papá, ‘Poncho’ Cotes Queruz, y la grabó en compañía de una monja y la envió por correo Adpostal, pues ya los Zuleta, se habían ida a grabar a Bogotá, y así se conjugó el éxito que definitivamente le abrió el panorama como compositor.

 

/Porqué cuando estoy tomando

Me critican porque soy

Pernicioso y obstinado

Busca pleito y hablador

Si es muy lógico este caso

En todo el que toma ron

Si uno cuando está borracho

No es igual su condición/

Su siguiente tema fue ‘Cómo hacer una canción’, el que le plasmaron en el disco, Armando Moscote y Norberto Romero, de cuya ejecución tiene la más agradable anécdota con el Nobel, Gabriel García Márquez, quien en una típica parranda que le hicieron en Valledupar en 1983, para homenajearlo por su Premio Nobel, quedó gratamente impresionado al escuchar la letra de esa canción.

El escritor, se la escuchó y se la hizo cantar en más de 10 oportunidades para finalmente decir en medio de las cámaras de varios periodistas del mundo que cubrían el evento, al igual que delante de compositores de la talla de Rafael Escalona y Emiliano Zuleta Baquero, que: “ese es el mejor decálogo que he escuchado para dar una clase sobre literatura”.

De esa parranda, recuerda Bolaños Calderón, que salieron muchos reportajes en importantes medios del mundo. “De ahí nació una gran amistad ente García Márquez y yo, lo que nos hizo encontrar en varias partes, como en la casa de los Iguarán en Maicao y muchos otros lugares, hasta que Dios mandó por él” sostuvo el compositor.

Este poeta villanuevero no tiene un extenso catálogo de canciones, pero las pocas que le grabaron, se convirtieron en destacados temas, que siguen brillando con luz propia, bajo la lupa minuciosa de los conocedores que las sembraron en el terreno de las composiciones clásicas, tales como: ‘Beso embriagador’, ‘El Carretillero’, ‘Oscuro y Claro’, ‘La Mocosa’, ‘Triste Desenlace’ y ‘Cómo hacer una canción’ entre otras.

SU MEJOR OBRA

De todas esas canciones, la que le mueve las fibras sentimentales es ‘Triste Desenlace’, que se la grabó Daniel Celedón, allí plasmó el profundo pensamiento elegiaco, luego de que por los pocos dividendos que le dejaba la música se tuvo que internar en una finca a administrar una maquinaria pesada, mientras su patrón atendía un viaje a Estados Unidos.

Ese motivo lo condujo a separarse de su joven mujer y dejarla a cargo de los familiares de ella en la ciudad, pero cuál no sería su dolor, que cuando regresó se la habían enviado a Venezuela, episodio que le produjo el más grande dolor y decepción, esto lo impulsó a pedirle permiso a su alma poética, para extirpar con versos, esa jugada torcida de Cupido. Lo más tormentoso es que nunca la recuperó, recibiendo la estocada de un segundo matrimonio de su amada.

 

“La envidia, la maldad y el egoísmo

Forjaron la tristeza y el dolor

Después de haber logrado lo más lindo

Lo más grande y lo más limpio que se alcanza en el amor

La gloria de un pecado florecido

Grandioso testimonio fecundó

La cópula de sangre y el cariño

El origen de sus hijos los paganos de un error”.

Hoy, casi llegando a sus ‘70 abriles’, Nicolás, sigue cabalgando en su mundo melódico, pero pesimista frente al futuro del vallenato, porque ese estilo de componer ahora, no da chace para inspirarse en los amigos ni en la naturaleza, aunque siente que la postura de la Unesco, con la declaratoria de Patrimonio Inmaterial del género, produzca un efecto de arrepentimiento y se vuelquen las miradas a las raíces para que así los  nuevos valores los tomen como monitores y acojan en parte sus iniciativas, pero sin dejar la visón de avance que necesariamente debe ocurrir, aunque pese a la advertencia se sigue llenando el mercado de canciones sin fundamento literario y melódico.

Ese tema que impactó al Nobel Gabriel García Márquez, fue grabado en una segunda ocasión por ‘Peter’ Manjarrés en su última producción de Clásico Vallenatos Volumen II como una certificación de la pureza de una obra de un compositor poco mediático por su misma condición provinciana de amarrar sus cantos en el aposento de un ser humilde por naturaleza.