Diario del Cesar
Defiende la región

´A Dios encomendamos nuestras vidas y la tierras´ 

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POR:
NINOSKA
REYES URDANETA 

Un estrepitoso sonido anuncia la furia del río, el agua viene arrastrando con todo lo que consigue a su paso, mientras el miedo se apodera de quienes habitan a su alrededor, y que cada año viven el mismo episodio por las temporadas de lluvias, las cuales causan crecidas súbitas sobre los afluentes del Cesar, dejando pérdidas de cultivos y daños imposibles del recuperar. 

Esta es la realidad que hoy día están viviendo los campesinos en el departamento del Cesar, donde se está viviendo la segunda temporada de lluvias con un nuevo elemento, los coletazos del huracán ETA, que ha dejado una ola invernal en el que las tierras cultivadas han sido las más afectadas.

“El sonido del agua nos avisa de la calamidad, la naturaleza es imposible de dominar y solo a Dios encomendamos nuestras vidas, además de nuestras tierras que han quedado en desolación y ruina con las recientes lluvias. Los cultivos se acabaron y las residencias permanecen en vilo ante la sedimentación de los terrenos, es un situación dura”, manifestó Adulfo José Linares, campesino del municipio de Manaure Balcón del Cesar, víctima de las inundaciones por las lluvias.

Aún nervioso por la noche vivida, Adulfo comentó que el fuerte aguacero registrado entre los días martes y miércoles de la semana pasada, lo mantenían en alerta, casi no dormía atento a las amenazas de las inundaciones, sin embargo, en un cerrar de ojos el agua invadió su espacio, y a su paso se llevaba sus tres hectáreas de cultivo de yuca y ñame que durante seis meses trabajó.

Su parcela, ubicada en la vereda Hondo del Río, quedó prácticamente bajo el agua, nada se pudo hacer mientras todo era arrastrado en medio de la oscuridad y la fuerza del río, que alcanzaba a llegar además a su residencia donde descasaba su esposa y dos hijos, llenos de temor y angustia.

Fueron más de cinco horas de lucha con la naturaleza. “Trataba de recuperar lo que podía, mientras el miedo y la impotencia se apoderaban de mi ser, ahora quedamos sin nada y en vilo porque las lluvias seguirán, estamos en manos de la naturaleza.

Este humilde campesino, de 56 años de edad, es uno de los afectados por las lluvias en el Cesar, y sus tierras están entre las más de 500 hectáreas de cultivos inundadas en el municipio de Manuare.

 El agua se ha llevado los cultivos de pancoger como guineo, plátano, frijol, y hortalizas, entre otros, dijo Antonio Chirinos, otro productor que perdió su trabajo a causa de la ola invernal.

“Estamos vivos por la gracia de Dios. Por mi zona también se registraron deslizamientos, fueron noches terribles, escuchar como el agua viene entrando a los terrenos, es una sensación difícil de explicar. Además de tratar de proteger los cultivos, debemos subir hasta en el techo de la residencia, algunos enseres para evitar que sean arrastrados, mientras los fuertes vientos tumban árboles, desprenden los techos y hasta se desploman algunas estructuras”, manifestó mientras afirmaba que además de la pandemia por el Covid-19, la tragedia los bordea sin ver luz para levantarse.

El IDEAM recomendó especial atención al río Guatapurí, a la altura del corregimiento de Chemesquemena”, en jurisdicción de Valledupar, así como en los municipios de Pueblo Bello y El Copey, donde hay Alerta Roja por probabilidad de incrementos súbitos en el río Guatapurí y sus afluentes. De igual manera recomendó especial atención a los municipios de La Jagua de Ibirico, Chiriguaná, Curumaní y Chimichagua por el posible incremento del caudal en la cuenca baja del río Cesar.

En el departamento del Cesar, se está en alerta amarilla para prevenir mayores afectaciones. Hasta la fecha, las inundaciones y derrumbes más graves se registran en Valledupar, Bosconia, San Alberto, Curumaní, La Paz, Manaure, Tamalameque y San Diego.

Al declarar Alerta Amarilla, se convoca a los comités para la prevención de desastre en todos los municipios, se tienen ubicados los puntos críticos, y se definen mecanismos de vigilancia y evacuación con base en censos y mapas de riesgo.

LO PERDIMOS TODO 

Dos horas fueron suficientes, para que por efectos de la naturaleza,  su parcela se convirtiera en ruinas, manifestó Melba Montes Rojas, otra campesina afectada por las fuertes precipitaciones en la vereda Los Deseos, corregimiento de San José de Oriente en el municipio de La Paz.

Melba, quien además es víctima del conflicto armado y cuyo sustento económico es la producción de sus tierras, le ha tocado vivir un nuevo y difícil episodio en su vida, lo perdió todo y hasta sin residencia ha quedado, ya que pequeña residencia, construida en madera sufrió serias afectaciones por las inundaciones

“Fue una situación catastrófica la que vivimos, el agua y el viento se llevaba todo lo que conseguía, el techo de unas siete viviendas se desprendió y el cultivo volaba por el área, mientras las matas se partían perdiendo todo lo que hasta ahora se había logrado con la producción en más de 20 hectáreas aproximadamente”.

Se perdieron las cosechas de yuca, auyama, maíz, papaya, frijol, ajonjolí, plátano, cacao, tomate, ají, guineo, entre otros; además de muchos animales que fueron arrastrados por la corriente.

Así como Melba, otras 28 familias están afectadas por la ola invernal, quienes hoy se encuentran a la expectativa por los pronósticos de lluvias para la zona en las próximas horas.

El sector campesino del Cesar, lanza un S.O.S a las autoridades, ya que el IDEAM pronostica lluvias hasta mediados de diciembre y hasta la fecha nada se ha hecho para superar los primeros efectos. Piden atención y alternativas para superar la dificultad que enfrentan, el temor los acobija mientras apenas asimilan haber perdido el fruto de más de seis meses de trabajo.