Diario del Cesar
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“Ni pescado, ni río, ni trabajo”: El testimonio de un pescador del Río Cauca

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Samuel tiene 30 años y lleva en la sangre su oficio de pescador. Tenía 10 años cuando su papá le enseñó a pescar y cree que esa fue la mejor herencia que le dejó. Sin embargo, dice que el Cauca, que recuerda en ese entonces como un río próspero, ya no es el mismo y la labor que había sido su vida ha tenido que remplazarla por otra actividad.

Han pasado tres semanas desde la emergencia que obligó a Hidroituango a cerrar las compuertas de la presa y a reducir, por algunos días, el caudal del río Cauca por debajo de los niveles mínimos ambientales. Aunque el afluente ha ido retomando su caudal los efectos sociales en la zona todavía se sienten.

COLPRENSA acompañó hace algunos días al defensor del Pueblo, Carlos Negret, en una visita humanitaria a la región del bajo Cauca y encontró que algunos de los pescadores cuyo sustento dependía del río, no han podido retomar su labor.

Samuel recuerda que se podía sumergir en él Cauca y, con el agua al pecho, sacaba bocachicos tan grandes como su brazo. Un pescado podía valer 200 0 300 pesos, pero ahora, valen entre 2.000 y 3000 pesos y su tamaño no es igual. “Las cosechas eran buenas, tan buenas que yo tenía que regalar el pescado, ya vendía el suficiente para llevar la comida a la casa y no lo podía botar. Ahora ni pescado, ni río, ni trabajo”, dice.

Ahora, su trabajo es sumergir baldes vacíos en el río para sacar lo que en las ciudades se conoce como gravilla, es decir, la tierra que ha quedado reseca convertida en materia prima.  Aunque los habitantes de la zona reconocen que el río se ha recuperado, aseguran que su cauce ya no es el mismo y ya no es un fuente de trabajo como lo era en otra época.

Samuel explica que mientras antes se iba con 60.000 pesos diarios a su casa por la venta de pescado, hoy en día recoge 150.000, pero a la semana.

“Una volquetada llena vale 100.000 pesos, pero debo pagarle 30.000 pesos a las personas que me ayudan a montar la gravilla a la volqueta. Pero se debe tener en cuenta que no todos los días vendo”, dice.

“Nosotros trabajamos artesanalmente con la pala, no trabajamos con maquinas sino hacemos todo a pulmón. En toda la vía del río nosotros hacemos una muralla, ahí descargamos las canoas, la volqueta llega a orilla del río y ahí la cargan con el material”, agrega.

Mientras Samuel trata de salir adelante con las inclemencias del lugar donde vive, a tan solo 30 minutos, en el municipio de Cáceres, vive Fernando, un hombre de tez negra y de 60 años de edad, que se dedica a recorrer el río Cauca en busca de una oportunidad laboral.

Fernando se ha desempeñado como pescador y balastrero entre otras labores, pero desde el 1 de febrero se convirtió en conductor. El hombre, que es padre de dos niñas, tiene un contrato por un mes con Reforestadora de la Costa (Refocosta), para trasladar río arriba y río abajo a 12 personas que, en una balsa, se dedican a salvar todos los peces que quedaron atrapados luego de la emergencia de Hidroituango.

En los primeros días, dice Fernando, rescataban 6.000 peces en zonas desérticas y los trasladaban a pozos profundos donde no fueran alcanzados por la corriente del río para que pudiesen reproducirse. El viernes y el sábado pasado sacaron unos 3.000 diarios.

El contrato es por un mes y le pagan 33.000 pesos el día, pero debe pagar 10.000 de almuerzo así que dijo que tan solo ganó un promedio de 600.000 pesos al mes, que era mucho menos de lo que ganaba cuando pescaba esos peces que ahora ayuda a rescatar.

Gracias a la labor de Refocosta, que incluye a un poco más de 50 personas entre pescadores y conductores, durante febrero se salvaran casi 100.000 peces.

CAUCASIA, ANTIOQUIA (Colprensa).