Diario del Cesar
Defiende la región

Fratelli tutti y el perdón 

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Por DIANA SOFÍA  GIRALDO

Mucho dará de qué hablar la nueva encíclica del Papa Francisco “Fratelli tutti”. Canta muchas verdades incómodas, con su estilo directo y desenfadado. Invocando siempre la dignidad del ser humano como hijo de Dios. Interpela a todos y a cada uno, sobre todo a los poderosos. Denuncia una sociedad individualista, consumista y manipuladora. Hace afirmaciones controversiales sobre la globalización, la economía, las migraciones y la política. Condena con contundencia el neoliberalismo. “Necesitamos desarrollar esta conciencia de que hoy o nos salvamos todos o no se salva nadie”.

Denuncia las trampas del uso y abuso de la comunicación digital y la esclavitud de un estilo de comunicar polarizado, al servicio de intereses particulares. “En el mundo digital están en juego intereses económicos, capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático”. Conduciendo a que “las ideologías pierdan todo su pudor”. Desenmascara la manera cómo se ha vaciado de significado el lenguaje en la política.

Y resultan muy valiosas, para el caso colombiano, donde, en la última década, se ha instrumentalizado tanto la palabra perdón, las precisiones que hace sobre la relación entre perdón, justicia y derechos en el capítulo: “Caminos de reencuentro”.

“No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguien que degrada nuestra dignidad. Estamos llamados a amar a todos sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no quiere decir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás, o dejar que un criminal continúe haciendo daño. Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia, precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama. Si un delincuente me ha hecho daño a mí o a un ser querido, nadie me prohíbe que exija justicia y que me preocupe para que esa persona -o cualquier otra-  no vuelva a dañarme ni haga el mismo daño a otros. Corresponde que lo haga, y el perdón no sólo no anula esa necesidad sino que la reclama”.

Hemos insistido con determinación, desde la Fundación Víctimas Visibles, que “Perdón no implica renuncia de derechos”. A las víctimas colombianas, tan abiertas a la reconciliación, se les ha hecho creer de manera tácita, que perdón implica renuncia a la verdad, a la justicia y a la reparación. El abuso del lenguaje propagandístico y manipulador de los sectores políticos aliados a algunos medios de comunicación, ha privilegiado la impunidad y la propaganda que pregona que “las víctimas están en el centro”, mientras se les timan sus derechos. No han visto verdad, no conocen la justicia, mucho menos la reparación. Muchas de ellas siguen revictimizadas y en silencio mientras escuchan todo el ruido no cierto, que se hace en su nombre.

*Periodista*Defensora de DD.HH