Diario del Cesar
Defiende la región

Virus chino sigue matando gente 

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Más de un millón de personas murieron por la pandemia de covid-19, originada a finales de 2019 en China y que se expandió por todo el mundo, y aumenta ahora de manera vertiginosa en India, que superó los seis millones de casos.

El mundo tiene grabadas en sus retinas las imágenes de fosas comunes en Brasil, una morgue improvisada en el Palacio de Hielo de Madrid y camiones frigoríficos con cadáveres en las calles de Nueva York.

En total, se confirmaron oficialmente 1.002.036 decesos en el mundo, de un total de 33.162.930 casos detectados, mientras que 22.752.300 personas sanaron, según el último balance de la AFP en base a cifras oficiales de las autoridades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que las muertes por covid-19 podrían duplicarse y alcanzar los dos millones si no se mantienen medidas para evitar la propagación del virus.

A pesar de los confinamiento decretados en su momento, y luego flexibilizados, y otras decisiones adoptadas en muchos países no han logrado frenar la pandemia, que está provocando desastrosas consecuencias económicas y ha atizado las divisiones políticas.

Las regiones más afectadas en número de decesos son América Latina y el Caribe (341.616 decesos, de 9.210.942 casos), Europa (230.135; 5.293.625) y Estados Unidos y Canadá (214.069; 7.269.515).

Los países con más fallecidos son Estados Unidos (204.762), seguido de Brasil (141.741) e India (95.542).

Más allá de la frialdad de las cifras, la consecuencia más devastadora es el vacío dejado por quienes murieron, ya que muchos duelos tuvieron que hacerse sin que los familiares pudiesen acompañar a la víctima en el tramo final de la enfermedad, o siquiera despedirse de ella una vez muerta.

“Ni en mis peores pesadillas me imaginé que me iba a pasar esto”, dice Mónica, de 45 años, cuando recuerda que tuvo que certificar con su firma que el cuerpo que estaba por cremarse era el de su padre, Oscar Farías, que sucumbió en Buenos Aires el 27 de abril a los 81 años, sin haber visto siquiera el ataúd.