Diario del Cesar
Defiende la región

Decidiendo

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Llegó la hora. Nada fácil. Para muchos gobernantes es el momento de la verdad.

 Precario conocimiento sobre el virus y sobre las consecuencias de la reapertura. Pero algunos hablan de que los médicos han estado aplicando tratamientos que han salvado pacientes. Ojalá esa experiencia se recoja. Es un efecto positivo de la crisis.

La ignorancia todavía campea sobre asuntos muy básicos. ¿Cuándo ocurrió la primera muerte por este virus? Ahora se dice que temprano, en enero, en California. Antes de que China informara. ¿Que si existe un remedio? Surgen diversas respuestas que aún entre los científicos más respetados no encuentran aceptación.

El presidente Trump se ha convertido en el propagandista de la droga antimalaria que, de alguna manera, propicia el epidemiólogo francés Didier Raoult. ¿Quiénes, y cuándo deben usar el tapabocas? Durante semanas en Occidente se limitó su uso. Y el principal investigador chino sobre el tema, en una entrevista a un periodista francés, dijo que “el mayor error de Occidente” había sido no haber ordenado que todo el mundo lo utilizara. Increíble un error de ese tamaño.

Y hoy, una investigación seria publicada en la muy conocida revista Jama (la revista americana de Medicina) nos dice que el 83% de las personas que fallecieron en varios hospitales de Nueva York estaban conectadas a un respirador. ¿Entonces?

 Como hay tantas dudas en la ciencia epidemiológica, las oportunidades para la manipulación política de las decisiones que deben tomar los gobiernos son múltiples y, las más de las veces, encuentran algún sustento científico.

 Igual se puede decir que la reapertura del sistema productivo debe esperar hasta cuando exista una vacuna o un remedio eficaz y aceptado. ¡Al respecto, los científicos dicen que ya casi llegará la vacuna y otros que habrá que esperar, por lo menos 18 meses, en el mejor de los casos!

Es así como los gobernantes se ven enfrentados a un predicamento como jamás habían imaginado. El peor de su vida política.

Y todos han llegado a una conclusión inescapable en esta situación de tanta incertidumbre: es indispensable convivir con el virus y tomar todas las precauciones para asegurar que los trabajadores de empresas grandes, medianas y pequeñas reciban los cuidados indispensables y permanentes para preservar su salud. Es decir, que empresarios y trabajadores se conviertan en socios del gobierno y dr la sociedad para, activamente, cuidar la salud de todos.

Que en cada sitio de trabajo haya controles al ingresar, durante el trabajo y al salir y que esos datos se informen en tiempo real a las autoridades. Apenas natural que existan las dudas sobre la sabiduría de estas decisiones.

¡Que vendrá una segunda ola mucho peor! ¡Que se destruye lo que se ha logrado con el sacrificio de todos! ¡Que es una decisión que privilegia a los empresarios y desprecia la vida! ¡Que la muerte es irreparable pero que la crisis o el desastre del sistema productivo sí es reparable, así tome muchos años!

Desde el otro lado se argumenta el costo altísimo, también en vidas, de una debacle económica. Hasta ahora las dos estrategias han ido juntas y lo que se está decidiendo en Colombia, Estados Unidos, Europa, es cómo convivir con el virus, con todas las precauciones para evitar un desastre económico que, además de costar muchas vidas, arruinará a muchos.