Diario del Cesar
Defiende la región

La guerra contra la pornografía infantil

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Con la ratificación de la Convención sobre los derechos del niño, los Estados tienen la responsabilidad de adoptar medidas apropiadas y eficaces, legislativas y políticas, para prohibir y erradicar la violencia contra la infancia, incluyendo el abuso y la explotación sexual infantil.

Las normas internacionales destinadas a la lucha por la erradicación del abuso y la explotación sexual infantil en sus diferentes manifestaciones prescriben una intervención de los poderes y administraciones públicas basada en la prevención, persecución de los delitos y protección de las víctimas. El primer y fundamental paso para su efectividad es reconocer su existencia y romper el silencio en torno a él.

Los acuerdos internacionales relacionados con el abuso y la explotación sexual de la infancia también señalan que, en el contexto del interés superior del niño, la intervención ante el abuso y explotación sexual infantil debe incluir entre otras medidas:

Atención a las necesidades de las víctimas de la trata de personas y la utilización de niños en la pornografía, incluidas su seguridad y protección, su recuperación física y psicológica, y su plena reintegración en su familia y en la sociedad, teniendo presente el interés superior del niño.

Lucha contra la demanda que fomente este tipo de delitos contra los niños y las niñas y los factores que dan lugar a ella.

Las medidas necesarias para erradicar el abuso y la explotación desde un enfoque integral que tenga en cuenta todas las causas profundas que subyacen a su aparición.

Es imprescindible el conocimiento de la realidad del abuso sexual y las dinámicas sociales, culturales y familiares que promueven su aparición —los factores de riesgo—. Igualmente, es necesario establecer medidas y acciones de prevención y atención en todos los ámbitos responsables de la protección de los niños y las niñas para promover una respuesta adecuada a sus necesidades como víctimas de estos delitos. Para ello es necesario generar mecanismos o sistemas estatales, regionales y locales de protección que estén coordinados y sean efectivos y eficientes.

Usando las bondades de divulgación que ofrece internet, la pornografía infantil ha crecido en proporciones alarmantes. Hay en las redes sociales millones de imágenes de abusos sexuales a niños, tantas, que se estima que en promedio cada siete minutos aparecen en ellas tomas de un menor siendo sometido a abusos sexuales. El 43% de tales víctimas son menores entre 11 y 15 años y el 55% son niños de 10 años o menos.

Los avances tecnológicos tienen aspectos asombrosos que deben ser resaltados, pero el lado oscuro del internet son las miles de páginas con contenido pedófilo.

No solamente el internet facilita la pornografía infantil, también son cómplices de ella la pobreza y el atraso social, ya que estos segmentos tan vulnerables de la sociedad son los más usados para multiplicar el lado siniestro del avance tecnológico.

La pornografía infantil es hoy un problema de dimensiones mundiales. El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y su masificación ha abierto las puertas a un gigantesco y oscuro mundo y como suele ocurrir, la velocidad a la que se multiplican las formas de cometer tan abominable delito es inenarrable mientras que el accionar de las agencias del Estado cuya función es impedir que ello ocurra va a pasos mucho más lentos.

Ante tan gigantesco desafío, considerar que con la legislación penal de cada país se puede neutralizar el avance del problema es pensar con el deseo; la única forma de enfrentar airosamente tal tipo de delitos es volviendo realidad la persecución internacional de las redes de pedófilos, el desarrollar amplios y dinámicos canales de colaboración entre los Estados en aras de ponerle freno a este delito y unificando las sanciones a imponer a quienes sean culpables de tales conductas que están causando inenarrable daño a la sociedad.

Papel fundamental juega la familia en la lucha contra el cibercrimen, ese que ha proliferado con internet. Por eso, otro frente crucial es la efectiva protección de los niños en sus hogares, el abrirles los ojos frente a todo tipo de abuso y enseñarles a decir “no”. El enemigo usa miles de herramientas y vías para atacar; solo si se unen las familias, la comunidad y los Estados, se puede enfrentar airosamente un problema de tan gigantescas dimensiones.