Diario del Cesar
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Combatir el trabajo infantil, tarea de todos

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Las cifras mas conservadoras señalan que en Colombia hay algo más de 800 mil niños, niñas y adolescentes, entre 5 y 17 años que son víctimas de explotación laboral infantil, lo que corresponde al 7.3% de los menores en el país. Sin embargo se teme que esa cifra no corresponda a la realidad y sea mucho mayor

Las cifras oficiales indican que el mayor número de casos de trabajo infantil están relacionados con oficios no calificados como las labores de agricultura, seguido por el trabajo en minas y canteras; y las tareas de construcción.   “Las cifras en el total nacional, a corte de 2017, demuestran que los sectores que concentraron mayor número de niños, niñas y adolescentes trabajadores fueron: agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (44,4%) y comercio, hoteles y restaurantes (30,1%), industria manufacturera (11,0%) y servicios (7,0%)”, manifestó la ministra de Trabajo Alicia Arango Olmos.

Sin embargo, el Ministerio de Trabajo manifiesta que las peores formas de explotación infantil se presentan en los menores con edades entre 15 y 17 años, hay registros de 33.163 niños y 27.312 niñas de ese grupo etario que son víctimas de ese flagelo en el país.

Los departamentos con mayor número de casos registrados de trabajo infantil son Antioquia con 24.770 casos, Boyacá con 13.052, Tolima con 7.631, Cundinamarca con 8.168, Bolívar con 7.501, Valle del Cauca con 3.398, Nariño 2.643 y Cauca 1.330 casos.

Por tal motivo, el Ministerio de Trabajo lanzó la campaña ‘Trabajar no es tarea de niños’ con la cual se pretende sensibilizar a los menores, sus familias y a la ciudadanía en general sobre la gravedad de la explotación laboral infantil en el país.

Dentro del Plan Nacional de Desarrollo, el Gobierno Nacional se propuso la reducción de la tasa de trabajo infantil en 5.5 puntos porcentuales para el año 2022. Según el sistema de información integrado para el registro y la erradicación del trabajo infantil y sus peores formas, a diciembre de 2018 se reportan un total de 113.634 menores en condición de vulnerabilidad trabajando.

 “Nuestros niños, niñas y adolescentes no deberían estar trabajando. Su único deber es estar en sus escuelas estudiando y no expuestos a todos los peligros que conllevan todos los trabajos que realizan”, reiteró la jefe de la cartera laboral.

Los casos de trabajo infantil pueden ser denunciados por la ciudadanía llamando a la línea 141 de protección a niños, niñas y adolescentes del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Desde 2002 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) institucionalizó el 12 de junio como día mundial contra el trabajo infantil.

En Colombia es prohibido el trabajo infantil, y aun cuando la edad mínima para trabajar es de 15 años, en todo caso el Código de la Infancia y la Adolescencia precisa que los adolescentes entre 15 y 17 años requieren de autorización especial por parte del Estado.

Aunque la prohibición no admite excepciones, en la práctica vemos menores en las calles solos o con sus padres ejerciendo labores que les están vedadas, con las nefastas consecuencias que esas actividades les irroga. La deserción escolar es el inmediato efecto de esta práctica, que no solo daña la formación personal y académica, sino que además los encadena a la perpetuación de la pobreza, sin contar con múltiples efectos psicológicos que afectan el aprendizaje de las habilidades que facilitan la interacción social.

Una vez los niños descubren que trabajando perciben ingresos para ellos o sus familias, concluyen erróneamente que no necesitan estudiar para lograr la retribución de sus esfuerzos, con lo que difícilmente podrán salir del círculo de la informalidad y la pobreza.

También está la afectación física producto del maltrato, jornadas sin restricciones horarias, mala alimentación, más los riesgos propios de permanecer en la calle o en áreas propias de adultos.

Ni qué decir de los daños morales causado por obvios sentimientos de frustración, abandono, o por las malas costumbres, disputas tempranas y las derivadas de las secuelas por el consumo de sustancias adictivas.

Pero, de todas las formas de trabajo infantil, a no dudarlo que las peores son aquellas en que los esclavizan o los explotan sexualmente, o cuando caen en redes de trata de niños y, las extremas, de reclutamiento por parte de grupos violentos.

Aun cuando según los expertos la solución definitiva a estas situaciones se logra con la reducción de la pobreza, el acceso a una educación estable y de calidad, y ofrecer a los padres empleo formal, es necesario también remover las normas sociales que las legitiman.

Esto comienza por reconocer que la responsabilidad de erradicar el trabajo infantil no es solo del Estado; también es un problema de las familias, las escuelas y la comunidad en general.

Solo cuando el trabajo infantil no sea rentable, dejará de replicarse.